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jueves, 3 de septiembre de 2009

VOY A LONDRES

Ya tengo el boleto de avión comprado. Comprobaremos si es verdad que se come tan mal como dicen (hasta ahora lo peor que me ha tocado ha sido Viena) y qué pinta tienen las pintas. También intentaré averiguar si la imagen de la casa del Primer Ministro que aparece en Little Britain es la verdadera o si la han refabricado para la serie (y digo intentaré porque al parecer la Thatcher mandó "privatizar" la calle por temas de terrorismo y desde entonces).Lo más cerca que he estado de Lontres es en Gibraltar

Como buena fan de las novelas de Barbra Cartland, no puedo perder la oportunidad de ver, aunque sea por fuera, su tan socorrido club White’s, que en sus inicios fuera una tienda de chocolate (una rara exquisitez, allá por 1693) gracias a lo cual adquirió su nombre (Mrs. White's Chocolate House) y famoso por su “Libro de apuestas”, en el que se registraban, a veces, apuestas de lo más absurdas como quién se iba a casar el año en curso y con quién, o aquella que en 1816 hizo un tal Lord Alvanley con un amigo, por £3000, acerca de cuál de dos gotas de lluvia tocaría primero el cristal de una ventana saliente. Igual y alguna feminista pone el grito en el cielo por mi osadía, pero me vale madres. Que al cabo no soy famosa. =P

Y para quién no sepa de lo que estoy hablando, que se lea esto, que tiene su puntito de interés. xD

Sólo tengo 2 días y medio para ver todo lo que pueda ver, así que habrá que hacer malabares para aprovechar bien el tiempo. Ya tengo un documento con la lista de lugares para ver, anotaciones, información, etc.

Un besito a los que nomás han estado en Gibraltar, como la de la foto. Dos, a los que han ido a Londres. Tres a los que no pueden viajar. =)

miércoles, 25 de marzo de 2009

CRÓNICAS TAPATÍAS

Casa Da'Mamasa 20090318 Una de las primeras cosas que se notan al estar en la ciudad es la contaminación. Las manos se ensucian constantemente y el cabello no dura limpio más de 1 día. Además, se advierte una mancha de un tono café con leche que circunda la periferia por arriba de los edificios, y el cielo es de un gris desteñido y no azul. Por otra parte, la luz en Guadalajara es mucho más abundante que en Vitoria. El hecho de que el sol esté completamente cenital sobre nuestras cabezas o no, se nota un webo. Aunque usted no lo crea… Aparte de esas diferencias extremas y sutiles de Guadalajara vs. Vitoria, mi estancia en suelo tapatío transcurrió de manera por demás feliz.

El primer día desperté antes de las 6 de la mañana, y eso que me había acostado más bien tarde, entre la llegada, un poco de desempacar regalitos, la puesta al día con mi madre, y todos los etcéteras implicados en el regreso al hogar materno después de casi 3 años desde la última visita.

Bajé desde mi cuarto hasta la cocina unas 4 veces antes de por fin oír que el despertador de mi madre sonaba. Fui presurosa a su encuentro, mientras ella se hacía la remolona. Puse los brazos en jarras y le espeté: “Bueno, pues!!! ¿A qué hora se levanta la gente en esta casa?”.

Cuando estuvo lista la llevé a su trabajo y luego me fui de compras. La ciudad ya no es la que yo recuerdo. Con relativa frecuencia tengo sueños en los que aparecen diversos lugares de cuando yo vivía ahí, pero muchos de ellos ya no son como los sueño. Hay otros edificios, otras casas y otros pasos a desnivel.

Tuve oportunidad de conocer un nuevo centro comercial que se entiende como muy fresa (pijo, pa’ los locales ibéricos) y que está en medio de una zona que parece el World Trade Center latinoamericano, con varios edificios altos, que seguramente no llegan a rascacielos pero que por intentarlo no quedan. Se llama “Andares” (si hasta parece nombre de centro comercial fresa chilango y todo!!!) y está invadido de tiendas españolas. Casi todo el repertorio de grupo Inditex, al que sigo teniendo vetado por el asunto aquél de las bragas, estaba presente en una amplia zona del recinto, más Sfera, Tous, Dione y otras marcas conocidas. Y tenían los precios españoles, claro, lo que en pesos significa un montón de dinero.

Y no sólo en el ámbito de la moda está presente España. También la podemos encontrar en el supermercado, con productos culinarios adaptados al gusto local como éste:

Tortilla con jalapeño

Me imagino que para más de algún ibérico la tortilla ésa será un poco sacrílega. La verdad es que no la probé, porque mi agenda culinaria estuvo más bien apretada, pero por sacar la foto no engorda una, así que ahí está.

Después de hacer mis primeras compras (algo de despensa de cosas que no quise cargar en el viaje, y algún vicio que se me pegó por ahí) volví a la casa, dejé la despensa y me enchufé al ordeñadó, para ver si mi puchunguito había sobrevivido a mi ausencia. Parecía que sí, aunque no sin esfuerzo. Después, durante el transcurso de la mañana, me cayó el veinte de que se me había olvidado darle propina a la mujer que me empaquetó las cosas en el súper. Oh! Mala mujer que llega por aire desde las Iberias, acostumbrada a reclamar hasta el último céntimo de los cambios y a que la propina ya no se lleva!!! Total, que sabiendo como sé, que las personas que trabajan ahí no cobran más que las propinas de la gente, volví al súper en cuestión y le di una propina más gorda de lo habitual, de puro remordimiento. No sé si es habitual que la gente “se olvide” de dar propina, pero la mujer ya ni se acordaba de mí, y eso que no habían pasado más de 2 horas… =/

Luego ya fui a recoger a mi madre a su trabajo para irnos a comer. Me estrené con el sushi. En Vitoria no hay, excepto una pequeña muestra en un restaurante chino de buffet que hay en el Bule y que no tiene nada de extraordinario, así que me supo bien probar un sushi preparado con esmero.

En la tarde me puse de acuerdo con mi prima, Alejandra, para ir a saludar a mi abuela. Al final, más o menos a eso iba: a celebrar su cumpleaños 102. Como el helicóptero estaba descompuesto tuvimos que ir a Zapopan en coche, lo que nos llevó más de lo que yo recordaba que costaba ir, dado que fui recibiendo instrucciones del tipo “métete por aquí, y ahora por acá, porque está todo escarbado”. Al final, la ruta de siempre era la mejor, por las avenidas, aunque hay que dar un rodeo de todos modos. El Hache Ayuntamiento de Zapopan ha tenido la brillante idea de peatonalizar toda la cabecera municipal y pretende obligar a TODOS sus vecinos a que dejen sus coches en el estacionamiento de la Basílica, pagando, por supuesto. Pero no es una peatonalización total, sino que simplemente harán las banquetas (aceras en España) más grandes, eliminando los lugares que antes de la obra había para estacionarse. Con lo cual, lo único que hacen es fastidiar a la gente impidiéndole que se acerquen a casa en coche, sin poner una solución realista y suficiente al asunto del estacionamiento. Porque la cabecera municipal abarca varios kilómetros que se alejan de la basílica. Ya quiero ver lo que opinan quienes viven a más de esa distancia… En fin. Si los propios ciudadanos no protestan, ¿yo qué voy a hacer? La gente sigue acostumbrada a tener esa actitud agachona y sumisa de siempre, mientras los políticos, gobernantes y poderosos se sirven de las arcas públicas cada vez con más descaro y gandallez y, cuando trabajan “en pro del pueblo” lo hacen como les sale de la seta.

Después de varias vueltas y viajes en reversa al encontrarnos con varias calles cerradas y sin señalizar, conseguimos llegar a casa de mi tía Catalina, que es en donde vive mi abuela. Mi tía se había ido a misa, así que sólo estuvimos un rato con mi abuela y con la mujer que la cuida en las tardes, porque mi abuela no estaba como muy despierta que digamos. Ya sólo la sientan un rato al día, para comer, y el resto del tiempo está en su cama, tapada porque siempre está fría. Le fallan ya un algunos órganos, pero ahí sigue, aunque la opinión general, incluida la mía, refiere que no aguantará otro año más. La mujer está en los huesos. Si le pones la mano sobre la cadera, incluso a través de las cobijas, puedes adivinar perfectamente su anatomía ósea, lo cual es bastante impresionante.

Cuando volvimos a casa de mi madre le cayó otro de mis primos, Poncho, que además tuvo la amabilidad y el buen tino de haber ido por mí al aeropuerto el día que llegué, sobre todo porque a mi madre se le hizo tarde. Así que gracias a él tuve una cara familiar esperándome al otro lado de la puerta del aeropuerto. =)

CONTINUARÁ…

domingo, 8 de marzo de 2009

LA HIJA PRÓDIGA

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Vuelvo a mis orígenes. Mañana estaré cruzando el charco por aire para reunirme con parte de mi familia. Al menos con la parte más querida. La ocasión especial es el cumpleaños 102 de mi abuela. Uséase, el pretexto. La verdadera razón es que, con la crisis, el vuelo me lo han bajado a casi la mitad de lo que me suele costar. Así que es una buena oportunidad para dejarme caer por allá y convivir un poco con los míos, sobre todo aprovechando que mi hermano también suele ir a Guadalajara por estas fechas.

De momento, mi agenda pinta ya llena. Mi prima me está preparando salidas nocturnas para el fin de semana y mi hermano está organizando una excursión a Tapalpa, previa a la celebración del macro cumpleaños abuelil.

Será la primera vez que cruce el charco yo sola y será la primera vez que me separe de mi marido durante más de 1 semana desde que estamos juntos. Después de 7 años todavía me duele un webo separarme de él, incluso cuando es sólo un fin de semana. Pero él tiene que trabajar y no se puede ausentar unos días en estas fechas.

Y yo aprovecharé para sacar fotos de los lugares de la ciudad con los que más sueño que, no tienen nada de especial, pero por alguna razón que desconozco, sueño mucho con ciertas calles y ciertas zonas. Así que aprovecharé mis recientemente adquiridos conocimientos fotográficos para obtener imágenes que me reafirmen que, aquello con lo que sueño, tiene algo de realidad. Y de paso para hacer un par de ejercicios pendientes de la escuela.

Ya tengo el mal cuerpo habitualmente característico previo a estos viajes. Esta vez ha empezado antes dadas las diferencias antes mencionadas respecto de otros viajes. Pero la maleta ya está lista y de momento creo que no se me olvida nada. Espero poder ir colgando cosas a lo largo de la semana.

Un besito.

martes, 9 de diciembre de 2008

MARATÓN EN BARAJAS


De un extremo a otro de la T4, ida y vuelta...

Hace tiempo que digo y opino que lo de viajar en avión tiene cada vez menos glamour y menos encanto. Todavía recuerdo el viaje que hice con mi familia a Puerto Vallarta cuando tenía 5 años y me subí a un avión por primera vez. Aquello fue un gran acontecimiento. Sólo viajaban en avión personas con cierto poder económico y el que viajaba en avión era importante...

Pero ahora el avión sólo sobrevive porque es el único capaz de llevarte a ciertos lugares en un tiempo relativamente corto. Pero ya no tiene nada de encantador, aunque he de aceptar que sigue ofreciento grandes emociones, aunque disten mucho de ser como las de antaño.

Para empezar, el que viaja en avión es delincuente hasta que demuestre lo contrario. No puedes llevar ningún objeto ligeramente punzante en el equipaje de mano, con lo cual, si lo necesitas, debes arriesgar la integridad de tus cosas en el equipaje facturado. Para continuar, absolutamente NADIE te garantiza la integridad de tu equipaje. Es como si te hicieran el ENORMÍSIMO favor de llevártelo a donde vas y, si te lo perdieran tú tendrías que decirles: "No importa, no te preocupes. Tú lo haces lo mejor que puedes y yo te lo agradezco, de todo corazón". Porque cuando vas y reclamas no hay nadie del otro lado. Después de mucho buscar te encuentras con que la compañía aérea en cuestión sólo te proporciona un número de pago para hacer tu reclamación o poner tu queja. No les interesa lo absoluto tu opinión ni tu impresión del servicio, aunque durante el trayecto quieran que pienses lo contrario, con patéticas muestras de supuesto interés por tu satisfacción y tu futura elección por la misma compañía.

Y la verdad es que las compañías aéreas son como los políticos: al final uno elige la menos pior. En fin. En esta ocasión salimos de Málaga hacia Madrid con retraso de cerca de una hora, con lo que en Madrid nos quedaba sólo media hora para subir al siguiente avión, que nos llevaría a Bilbao. Justo antes de bajar del avión en barajas, el piloto anunció, entre otros vuelos: "Bilbao, puerta H8". Ahí vamos Juanjo y yo corriendo y ágiles siguiendo los carteles que ponían dirección "puerta H". Bajamos un montón de escaleras eléctricas, se nos fue un trenecito, esperamos al siguiente, subimos, atravezamos tooooooda la T4, salimos del trenecito, subimos otro chingo de escaleras eléctricas, pasamos un puesto de control de seguridad, me cambié de máquina de rayos X porque en la que me había puesto iba muy lenta, agarré mis triques y continué la carrera en dirección "H" y, cuando por fin llegamos a la zona en cuestión y buscamos la puerta "H 8", nos topamos con una pantalla que anunciaba nuestro vuelo por la puerta "M 10"...

Pero si allá estábamos!!! >_<

Juanjo corrió hasta un punto de información en donde, con toda la tranquilidad del mundo, el empleado de Aena metió los datos de nuestro vuelo en su computadora, que le informó que, efectivamente, nuestro vuelo salía de la puerta "M 10". Había que desandar lo andado. Así que corrimos de nuevo escaleras abajo, esta vez con más prisa, cruzamos otras puertas, llegamos al trenecito, respiré un poco, llegó, nos subimos, salió y nos llevó de regreso a la otra punta de la terminal. Salimos corriendo, Juanjo cargó también mi mochila, corrió escaleras arriba, yo iba detrás de él echando el bofe y respirando a duras penas, él con todo y las dos mochilas volteaba para atrás como queriendo jalarme con la mirada, mientras yo arrastraba las piernas como podía e intentaba respirar. En los paneles que pasábamos el avión ya aparecía como "boarding" y yo veía el reloj y me decía que mientras no llegara "la hora oficial de salida del avión" todavía había esperanza.

Por fin llegamos a la "M 10" y, por lo visto, nos estaban esperando (a nosotros y a otros tantos que entraron después). Reclamamos a la mujer que verificaba la tarjeta de embarque  se limitó a decir "es que cambiamos de avión"...

Llegamos a Bilbao y, después de estar un buen rato viendo dar vueltas a la cinta transportadora de maletas, y contabilizar que salieron como 5 de todo el vuelo, se acerca una mujer que pregunta que de dónde íbamos... Aquello ya me olió muy mal. Después de preguntarnos a todos los que estábamos ahí alcancé a oír que les decía a los que estaban al final del pasillo que ya no había más maletas y que había que ir a reclamar el equipaje.

Afortunadamente, el maratón me incrementó la condición física y la habilidad, y me puse primera en el mostrador de reclamaciones. Nos informaron que nuestras maletas se habían quedado en Madrid (está visto que, si tú llegas justo a un segundo avión, tus maletas no serán tan ágiles como tú) y que vendrían en el siguiente vuelo, a las 5:30 de la tarde (eran las 3). Y la mujer va y sugiere que las esperemos...

Sin dudarlo le dijimos que no. Que no habíamos comido y que no íbamos a esperar ahí más de dos horas para ver si se dignaban a darnos las maletas. Y volvimos a Vitoria hambreados y ligeros. Hace rato llamaron para confirmar que tienen nuestras maletas. Nos informan que las traen después de las 10 de la noche.

Esperemos que no lleguen a las 2 de la mañana. =/

Un besito a los que viajan en avión. Dos a los que tienen jet privado. xD

domingo, 1 de junio de 2008

AMIGOS VERDADEROS




Como dejé entrever en mi anterior relato, mis nuevos amigos recorrieron un montón de kilómetros para verme y celebrar mi cumpleaños. Marbella, Málaga, Galicia, Murcia, Madrid y Santander se reunieron en Vitoria en un puente muy jugoso de mayo.

Para mí ya era un gran regalo que todos hicieran el esfuerzo de venir a pasar unos días juntos, pero los regalos fluyeron todo el fin de semana. La primera tarde, Nocturna me alegró la vida con un libro de cocina murciana. Pocas veces un regalo me ha hecho tanta ilusión y este año han sido todos como muy esmerados. Ya estrené el libro con unas sardinas al horno. Esa misma noche, en casa de Mer, picando un poco fluyeron otro par de regalos: un juego de cuchillos de buena casa, que también me hicieron brincar de gusto y que son obra y milagro de mi buen amigo Calavera, y una cadena de ovejitas que sirven para recoger unas cortinas que todavía no tenemos pero que algún día pondremos y que harán que Mer brille con luz propia.

Algunos con mucho aguante hicimos al día siguiente una visita a las obras de la
Catedral de Vitoria y por la noche hubo cena en un céntrico y tradicional restaurante. Y ahí fluyeron más regalos, esta vez grupales: un juego de cojines y un par de mantas a juego, todo de “mi color” (el morado y todas sus variantes). Y también un rebaño de ovejitas de la Botica de la Abuela.

Todos los regalos me hicieron muchísima ilusión. Pero más que por los regalos en sí, por la atención que todos pusieron al conseguirlos. Porque es evidente que me conocen y que no hicieron regalos por compromiso, sino por gusto. De verdad que da un gusto enorme ver tanto cariño y tanta atención.

De Santander llegaron unas pulseritas de cuero con perlitas para todas, pero reservaron la de “mi color” para mí (el resto se rifaron).
Hubo canciones, risas, problemas con mi súpergrifotérmico con el que más de alguno invirtió muchos minutos intentando averiguar cómo funciona, mucha comida… Pero, sobre todo, hubo mucho cariño y complicidad.


Y así estoy ahora llena de cosas que me recuerdan que gente de toda España me quiere y que todos ellos son capaces de viajar un montón de kilómetros nomás para celebrar un día que es importante para mí. Y entonces vivo en directo el verdadero sentido y significado de la amistad. Somos un grupo grande y todos tenemos nuestras vidas y estamos liados y ocupados. Pero estamos ahí y lo sabemos. Todos para todos. Cuando alguno está de bajón los otros salimos al quite para subirle un poco el ánimo.

Cada vez que nos reunimos nunca sabemos cuándo será la próxima vez, aunque siempre hay varias ideas pululando por el ambiente.

Pero esta última vez fue especial, no porque fue mi cumpleaños, sino porque fue la primera vez que estuvimos quienes verdaderamente formamos el grupo, sin “adicionales” y eso permitió que todos nos relajáramos y lo pasáramos verdaderamente bien.

Los vitorianos intentamos amenizar la velada de los visitantes llevándolos al nacimiento del Nervión. Hicimos un paseo-caminata hasta el balcón que hay ahí y estuvimos un rato reponiendo fuerzas para el regreso. Fue un día muy agradable que incluyó exploración en la zona que tiene un riachuelo con renacuajos y demás fauna local. Los niños asistentes lo pasaron realmente bien.

La despedida fue muy emotiva. Por supuesto, no queríamos separarnos y los primeros días después de que todo vuelve a la “normalidad” son más bien dolorosos. Siempre nos quedamos con ganas de más.

En fin. Esta vez nos demostramos que somos capaces de mantener las reuniones en secreto (cosa extremo difícil, dado que la mayor parte de nuestra relación es a través blogs y foros de Internet) y, sobre todo, comprobamos que somos un estupendo grupo de amigas. Somos afortunadas. Yo soy afortunada de haber tenido un cumpleaños digno de enmarcarse. Y, sobre todo, de ser parte de este genial grupo de loc@s.

Un besito a los que ya cumplieron años. A los que están por cumplir, 2.


viernes, 25 de enero de 2008

NAVIDAD A LA CABEÑA. Parte 2. (O mi primer novela publicada).

22 de diciembre, 4 am. No sé si por los nervios o por qué, me despierto y ya no consigo volver a dormir. A las 5 me levanto, me visto y me preparo para salir a las 6. Me alcancé a planchar el pelo y todo. A gusto, la verdad. Salimos a puntuales y llegamos al aeropuerto con buen tiempo, así que aprovechamos para emplasticar las maletas en uno de esos chiringuitos que hay, porque además tenía poca gente. Terminamos con ese asunto y nos dirigimos a facturación… 7 de la mañana en punto y una cola como de 3 kilómetros. 20 minutos después seguíamos en el mismo lugar, pero ya no éramos los últimos. Detrás de nosotros había como 30 personas más. El caso es que llegó la hora de embarque y nosotros seguíamos en la fila. Lo raro de todo es que la fila de los “Bussiness” también iba lenta. Normalmente terminan con la gente de ahí y ellos siguen atendiendo a los que vamos en “gallinero”. Pero ese día no. Ese día sólo atendieron a los finolis. Por fin nos dieron nuestra tarjeta de embarque y nos fuimos presurosos hacia la puerta correspondiente, sin haber desayunado, gracias a esas 3 horas maravillosas de cola.

Nos subimos al avión, pusimos las mochilas en los compartimentos respectivos y nos sentamos. Y los otros pasajeros hicieron lo mismo. Y el avión no se movía, no se movía, no se movía, como la canción de la hierba, pero al revés y sin sexo. Y nos empezamos a mosquear. ¿Por qué coño no se mueve esto, si estamos todos sentaditos? Y empezamos a interrogar al personal, que nos contestaba con evasivas o no nos hacían caso. Al final conseguimos averiguar que el avión “decidió” esperar a 20 personas que “habían tenido unos problemas en facturación”. O sea, que la inutilidad del personal de facturación aunada a la falta de previsión de los supervisores quienes, a diferencia de nosotros, no supieron o no quisieron darse cuenta de que una fila de semejante envergadura que no avanzaba iba a impedir que el avión estuviera listo a tiempo, hicieron que más de 300 tuviéramos que esperar a 20 que faltaban. Eso nos lo informaron, por lo bajito, como a la hora de estar sentaditos en nuestros lugares. Después de cabrearnos y de no recibir ninguna explicación del capitán por la megafonía, por fin habló el señor y se limitó a decir que lamentaba la demora y que a causa de la espera habíamos perdido “el slot” y que tendríamos que esperar a que nos dieran “uno nuevo”. Es decir, que perdimos nuestro turno de despegue en pista. Y recuperar el slot de las pelotas nos costó otra hora y media. 3 horas metidos en el avión antes de despegar para emprender un viaje de casi 13 horas. Y sin haber desayunado. El avión despegó a las 12 del día cuando tenía que haber despegado a las 9 de la mañana.

Y una vez que despegó, en lugar de traernos algo para comer, noooooo… Empiezan repartiendo las formas migratorias, esas que normalmente te dan como media hora ANTES de llegar al aeropuerto de destino. O sea, que vinimos DESAYUNANDO cerca de las 2 de la tarde. Y aquello ya era comida, por supuesto. Y en todo esto sólo UNO de los azafatos supo tranquilizarnos y nos trató como quienes pagamos su sueldo. El único hombre del personal a bordo que nos correspondía (en primera llevaban otro señor atendiendo) fue la única persona de TODOS CON LOS QUE TRATAMOS ESE DÍA y que trabajan para Aeroméxico que supo tratarnos con educación y con verdadera paciencia. Fue el único que se ganó su sueldo, esos más de 3000 euros que pagamos por ese viaje. El resto se limitaron a “cumplir”.

Porque cuando llegamos al aeropuerto de la Ciudad de México, casi 24 horas después de habernos levantado en Barcelona, al salir del avión había UN empleado de Aeroméxico en el mostrador que hay a la salida del gusano y aquello estaba abarrotado con quienes tenían conexión, como nosotros, y consiguieron salir antes del avión. Y detrás de la fila estaba otro empleado que nos informó que teníamos que dirigirnos a la puerta número 12, después de que le dijimos que habíamos perdido la conexión. Allá vamos corriendo a la puerta número 12 e hicimos OTRA fila ahí. Al llegar nuestro turno nos dicen que no, que tenemos que ir a la puerta número 19. Pero antes de eso había que pasar por migración. Así que OTRA fila de 1 hora en migración. Cuando llegamos, por fin, a la puerta 19 nos dicen que no, que hay que salir a los mostradores de facturación para que nos arreglen el problema. Así que salimos. Llegamos a los mostradores de Aeroméxico y cuando les informamos que no vamos a facturar maletas nos ponen en una fila que está siendo atendida solamente por 2 personas. Después de otra MEDIA HORA de espera en la fila me desespero y voy con una de las señoritas que atendían a los que sí traían maletas y le pregunto si no hay más personal que nos atienda. Me manda con “el supervisor” quien en tono muy altanero y desagradable me dice que ya nos irán atendiendo “poco a poco”. Eso terminó de encabronarme y ya furiosa le dije que precisamente ese era el problema. Que “poco a poco” nos habían traído dando vueltas por todo el maldito aeropuerto y que poco a poco esa era la cuarta fila que hacíamos desde que bajamos del avión y que poco a poco llevábamos más de 24 horas de dormir por culpa de su retraso y que lo que quería era que me atendieran mucho a mucho, que ya estaba harta de que ahí nadie se hace responsable por los incumplimientos de la empresa, a lo que el buen hombre y mal empleado me contestó que no iba a poner más gente a atender esa fila y que me tenía que aguantar tal cual.

Cuando por fin nos toca que nos atiendan yo todavía estaba encabronadísima. Empecé a quejarme con la “amable señorita” y ella me interrumpió diciéndome “pero si les habían arreglado un vuelo con Mexicana. ¿Por qué no lo tomaron?”
AAAAAAAAaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!! Pues porque nadie en su empresa se molestó en informarnos que nos habían arreglado un vuelo, porque nos han traído toda la tarde dando vueltas por todo el maldito aeropuerto, porque ustedes… La mujer me interrumpe de nuevo y me dice “¿quiere que le arregle su problema o no? Porque yo estoy aquí para arreglarle su problema.” Y le contesté que aparte de eso lo que quería era quejarme para ver si su compañía mejora en el servicio que dicen ofrecer y no ofrecen. Entonces, se mete, tarda allá como 10 minutos y sale con una hoja de reclamaciones que hay que enviar por correo (con franqueo pagado. Cuán amables son éstos de Aeroméxico)… DESDE MÉXICO. O sea, que tengo que perder todavía más de mi precioso tiempo de vacaciones redactando mi queja para que el dichoso papel salga desde el mismo país, sin garantía alguna de que mi queja será atendida o siquiera leída. Porque es evidente que en esa empresa a nadie le importa un bledo el pasaje. Bueno, en esa ni en ninguna otra. Porque los de Iberia tampoco se distinguen precisamente por su calidez y su accesibilidad para que uno ponga una reclamación.

Finalmente nos dice que ese día ya no hay vuelos a Los Cabos y que nos vamos al día siguiente en la mañana. Nos asigna un hotel y cuando le pregunto que qué pasa con nuestras maletas me dice “primero déjeme terminar”. Finalmente nos manda a otro lugar del aeropuerto a recogerlas, cuando ELLA quiso informarme de lo que yo le preguntaba, claro.

Total, que vamos para allá. Novedad: no había fila. Nos atendió un señor muy amable quien por radio habló con otra persona, salió, nos pidió que lo siguiéramos, habló con otro señor, le informó de lo nuestro y nos dijo que él nos daría las maletas. Lo seguimos hasta otra sección del aeropuerto y nos las dio. Nos dejó con los de aduanas, Juanjo le picó al botón de semáforo, nos tocó verde y nos dijeron “ya se pueden ir”.

Ahora, mochilas al hombro, porque en ese aeropuerto los carritos para las maletas sólo llegan hasta la sección en que la gente espera a sus “seres queridos” y a partir de ahí sólo hay “viene-vienes” a los que hay que darle una propina, misma que como no nos iba a pagar Aeroméxico no quisimos dar, así que teníamos que llevar las maletas con nuestras propias manos (menos mal que hace años que todas vienen con ruedas y que ninguna de ellas se ha roto), nos dirigimos hacia la puerta en la que estaría el transporte hacia el hotel…

El esfuerzo de seguir siendo persona

Llega por nosotros una furgoneta de cómo 9 plazas. Se llena y nos toca ir hasta atrás. El chófer maneja como si estuviera practicando para el París-Dakar, nos da saltitos como en la montaña rusa, se mete entre el tráfico con el poder que da el tamaño de su vehículo y finalmente nos deja sanos y salvos en el hotel. Un hotel que, dicho sea de paso, es infinitamente mejor que ese al que nos mandó Iberia la última vez que fuimos y que también perdimos la conexión por culpa de un retraso. Nos registran y nos dicen el horario de la cena.

Después de más de 24 horas despierto sólo puedes pensar en dormir. Pero también tenía hambre y una duchita no nos vendría nada mal. Y además había que hacer que Aeroméxico pagara todo lo posible por sus errores y su falta de buen trato hacia quienes hacemos posible su existencia. Así que después de dejar las maletas y alegrarnos con una habitación limpia y amplia y agradable, bajamos a cenar. Al ir hacia la mesa que nos habían asignado nos encontramos con la señora que estaba siendo atendida por “el supervisor” cuando yo fui con él a externar mi exabrupto y él me mandó tranquilamente a, como dicen aquí, tomar por culo. Nos preguntó si nos habían resuelto el problema a lo que contestamos que sí, y agradecimos el interés.

Una vez sentados nos informaron que Aeroméxico tenía “un menú especial”. Yo elegí la sopa azteca (que me encanta) y unas enchiladas suizas (que nunca he sabido por qué se llaman así, si en Suiza no hay enchiladas). Juanjo me preguntó si no quería una michelada, con lo que me brillaron los ojitos. Luego nos informaron que eso no entraba en “el menú de Aeroméxico”. De todos modos las pedimos.

Cuando nos trajeron la cuenta para que firmáramos, había un apartado para la propina. Juanjo preguntó si en la cuenta de Aeroméxico podíamos poner 20 mil pesos de propina (que vienen a ser como 1,500 euros), para que desquitara un poco la cosa.

El mesero tardó un poco en regresar con la tarjeta de Juanjo (por las micheladas) y él me ofreció que me fuera yo a la habitación y que él subiría después, lo cual acepté, porque ya me costaba mantener los párpados en la parte superior de mis ojillos.

Cuando Juanjo llegó a la habitación ya estaba yo a punto de meterme a bañar. La experiencia te confirma que después de una cosa de esas se duerme mejor si te has duchado antes. Y fue gracias a eso que conseguí convencer a mi cuerpo de que hiciera un último esfuerzo y me regalara la felicidad de dormir limpiecita. No recuerdo otra ocasión en mi vida en la que me haya tenido que meter a la ducha con tanto esfuerzo. Pero al final siempre vale la pena.

Como traes el jet-lag, te despiertas en la madrugada. Lo cual no me vino nada mal, porque así pude hacer todos mis rituales matutinos a gusto, incluido plancharme el cabello. Así que dejamos la habitación 5 minutos antes de las 7, limpitos, descansados y oliendo bonito.

Al bajar fuimos los primeros en llegar a la recepción. Habíamos apartado el transporte de las 7 la noche anterior. Nos registra el hombre y el mismo Bel-boy que nos llevó las maletas la noche anterior, las sacó esa mañana. Menudo turno más largo tiene el pobre hombre. El recepcionisto nos indicó que nos sentáramos en los sofás que estaban del otro lado del mostrador. A los pocos minutos aparecieron unos güeritos de extranjia y luego más personas. Cuando llegó el transporte, como 10 ó 15 minutos tarde, había ahí más gente que la que cabía en la cabroneta. Y a punto estuvieron de bajar a los güeritos, que habían llegado justo después que nosotros. Luego otra señora alegaba que nosotros habíamos llegado al último. No sé si es que el recepcionisto no sabe contar personas o qué. ¿Por qué metió ahí más gente de la que cabe? Al final, todos retacados, un muchacho sentado en las piernas de su hermana, etc.

Llegamos al aeropuerto, ahora sí a facturar maletas. Y, sin que nos demos cuenta, la torda que nos atendió va y les pone a nuestras maletas una etiqueta que decía que “probablemente tenían que pasar la aduana”. ¿¿¿Otra vez??? Pues sí. Eso lo vimos al llegar a Los Cabos, que fue un hombre hasta donde estábamos nosotros y nos dijo que como nuestras maletas traían esa etiqueta, tenían que revisarlas. En fin. Afortunadamente no nos la hizo tanto de tos. Sólo hizo la faramalla de revisar una y al resto las dejó estar.
Cuando por fin salimos y vimos a mi madre, mi hermano y mi cuñada, casi no me lo podía creer. Alguien podría decir que lo más bonito de llegar al fin es verlos a ellos. Pero en realidad, lo más bonito es verles la cara de contento que se les pone al verte. Cuando quieres tanto a alguien, ver esa alegría en sus ojos al verte es el regalo de Navidad más gordo, grande y precioso que se puede tener. Y la envoltura de ese regalo es toda la novela que acabo de escribir.

...CONTINUARÁ

lunes, 21 de enero de 2008

NAVIDAD A LA CABEÑA. Parte 1. (O mi primer novela publicada)

Ya sé que es un poco tarde para andar publicando esto, pero dada mi lentitud del último año para publicar cosas en este antro, supongo que nadie le tomará por sorpresa. Al final, lo bueno es que les cuelgo algo para leer, no? Y al que no le guste, pos que no lea, que para eso inventaron la tele. =P

Introducción.
En mi familia nunca ha existido la “obligatoriedad” para ninguna fiesta. Mi madre no es de las que se agüitan porque alguien no está en Navidad o porque alguien no le llama en su cumpleaños (aunque siempre le hemos llamado). Probablemente en parte por eso las navidades en mi familia siempre fueron agradables.

Cuando yo era niña había un ritual: mi abuela hacía consomé y ocasionalmente buñuelos. Pero lo imperdonable siempre era el consomé. Y nunca faltó. Alguna vez hubo pavo relleno y otras cosas. Pero siempre consomé. Cuando ella se fue a vivir con mi tía por ser demasiado viejita y estar sola, en seguida retomé yo la responsabilidad del consomé y se siguió haciendo en casa de mi madre. Y allá iban mis primos, algunos que antes no solían ir, a tomar consomé. Y de paso a vernos. =P

Pero hace ya 5 años y medio que estoy en España y mi hermano lleva ya más de 2 en Los Cabos (mi familia es de Guadalajara). Así que ahora, cuando no podemos estar juntos en Navidad, cada uno hace su propio consomé. Ya conseguí instituirlo en casa de mis suegros y este año, como no estuvimos, se hicieron “un caldito” de esos de sobre…

El caso es que al final la Navidad es un buen pretexto para juntarnos todos y comer bien durante unos días. Lo especial del asunto es pasar un tiempo juntos, porque nos queremos, nos extrañamos y lo pasamos muy bien. Somos todos muy compatibles. Pero para conseguir esa simple cosa hay que hacer muchos esfuerzos, empezando por pagar más de mil euros por cabeza que cuesta cruzar el charco, y continuando con hacer un viaje laaaaargo laaaaargo, en el que quienes proporcionan el servicio de llevarte con los tuyos te dejan encuerado y en la calle cuando las cosas se tuercen. Lo de viajar en avión ya no es lo que era y ha perdido por completo su glamour.

Aviones o camiones de redilas?
Los que viajamos en avión ya no somos “pasajeros”. Ahora, entre el negocio de la guerra de los gringos y sus paranoias, y la cada vez más extendida práctica de las empresas de aviación de tratar a sus clientes como si fuéramos reos en lugar de civiles, hemos pasado del estatus de “pasajero de aviación” a “vaca en camión de redilas”.

Pero empecemos por el principio. Vivir en una ciudad pequeña tiene sus ventajas y sus desventajas, como todo. La ventaja, que todo está cerca. La desventaja, que hay cosas que no tiene, como un billar decente que tenga mesas que no sean de monedas, y vuelos regulares a Madrid. Eso nos obliga a ir a Bilbao. Así que hay que pagar entre 80 y 90 eurazos para ir en taxi, porque ir en el coche y dejarlo guardado en el aeropuerto te sale casi en lo mismo. Así que ya de pagar, al menos que sea otro el que conduzca.

21 de diciembre. 5:30 pm. El chaval que nos mandó un amigou con el que concertamos el viaje (ventajas de tener un amigo taxista que se dedica a dar servicio a algunas empresas) está afuera de casa puntual, con su camionetón (aquí furgoneta. Allá cabroneta) en el que caben muy a gusto todas nuestras maletas. Llevamos 3 de buena envergadura y 2 mochilas como equipaje de mano.

Después de un trayecto sin incidentes y sin apenas tráfico llegamos a Loiu, que es donde está el aeropuerto bilbaíno. Bajamos las maletas y nos dirigimos a facturación, con bastante tranquilidad. Llevamos buen tiempo. Facturamos las maletas y nos tomamos en un bar del aeropuerto yo un jugo de naranja y Juanjo un café, todo a precio de aeropuerto. Se llega la hora del abordaje (Sandokan al abordajeeeeeeeeeee!!! San quiéééééééééénnnnnnn???) y nos dirigimos hacia la puerta que nos corresponde. El de Loiu es un aeropuerto con mucho diseño, pero con muy poco lugar para sentarse. Hay varios jóvenes sentados en el suelo con cara de “me muero de aburrimiento”.

Al subir al avión se aprecia que no es un foker, sino uno con turbinas. Un poco más grande, pero con mala compresión. Sufrí tanto al despegue como al aterrizaje el horrible dolor de oídos que da cuando el avión tiene ese fallo. Pero llegamos con bien a Barcelona. Salimos al área de taxis y parecen un ejército de abejitas. Hay un señor agilizando la fila que nos indica que es nuestro turno. El taxista agarra y nos abre la cajuela, le ayuda a Juanjo a subir las maletas (a mí no me dejan, por mi problema de ciática) y ya que estamos todos arriba del taxi agarra y dice –Oiga, que hay una tarifa fija para salir del aeropuerto. A dónde van?– Al Ibis Cornellá, respondió mi marido. –Ah, pues vamos a ver, msnlksjld, son dos y llevamos una, saldrá como en 20 euros… (silencio). Y el hombre agarra y dice –Entonces?– Y nosotros: ¿Entonces qué? –Que si los llevo. Que luego al llegar la gente se mosquea porque les cobro diferente a lo que marca el taxímetro!– Y Juanjo, sí, sí. Que vamos!!

Yo ya no dije nada, pero la verdad es que me quedé bastante mosca. Si hay “una tarifa especial” por qué no hay un cartel que lo indique? O por qué el güey que agiliza la cola de los taxitomantes en el aeropuerto no lo dice? Y por qué el taxista, con la mala leche que tiene encima, se espera a que estemos todos arriba del taxi, maletas incluidas, para “informarnos” de la “situación”? Porque vaya si tenía mala leche!! El camino al hotel fue de lo más folklórico. Pitándole a alguno que va lento, gritando pestes al que se atraviesa… Es ahí en donde se nota la diferencia entre una gran ciudad, como Barcelona, y una pequeña, como Vitoria. Llegamos a una glorieta y el hombre dice –¿Y dónde coño está el hotel? Yo pensé que estaba aquí!!– Y entonces, en ese momento (y no antes) agarra y pone el GPS que lleva activado en catalán (como marca la norma… supongo). Cuando termina de marcar la ruta el cacharro yo veo un cartel que está JUNTO A NOSOTROS que indica que “Hotel Ibis pa’llá =>”. Y se lo informo al taxista. Pero nada. Ni puto caso. El hombre agarra y dice –Que no, que no. Que ya me dirá el cacharro por donde…–. Pues nada. Que agarra y da la vuelta a la glorieta, despacito, porque no tiene como muy claras las instrucciones de la vocecilla en catalán (será que no lo entiende del todo??? =P) y entonces un güey que va pasando le pita y el hombre ni tardo ni perezoso grita –Anda y vete a la mierda, so capullo!!!–. Pues nada. Que el coñogpscatalán nos lleva por una zona industrial que a esas horas de la noche está como muy desierta y con gran elegancia y todavía en catalán nos indica que hemos llegado a nuestro destino. Y el taxista –¿pero cómo que ya hemos llegado? Si aquí no hay nada!!!– Total, se da la vuelta en “u” y volvimos por donde llegamos. Cruzamos la calle por la que veníamos y seguimos derecho. Total que al final dimos con el susodicho hotel, que está más bien escondidillo. Pero está.

Al llegar al hotel el güey agarra y dice –Ahora vuelvo, que tengo que arreglar un asuntillo allá adentro–. Bonita manera de hacerse güey para no ayudarnos con las maletas, encima que cobra por bulto el muy cabrón. Eeeeen fin.

Nos recibe un hotel amable y limpio, con una calefacción tan potente que hasta yo me empecé a agobiar. Menos mal que sólo era en los pasillos. La temperatura de la habitación era más agradable. Dejamos las maletas ahí y bajamos a cenar. Nos quedaba como media hora antes de que cerraran el changarro cenil. Había un “menú del día”. Elegí el gazpacho y el spaguetti con setas y mi marido pidió “otro de lo mismo”. El gazpacho como muy rojo y aunque no era el mejor que me he comido estaba bueno. Pero cuando me trajeron el spaguetti… INGUEASURACIÓNPARACAMIONEROGORDO!!!! Aquello era como para una semana. Señorita, disculpe. Verá usted. Es que yo soy mortal… Y el de Juanjo, pues otro de lo mismo, como él bien había dicho. Con un spaguetti comíamos los dos y nos sobraba!!!

Y como dicen en la tele cuando te dejan con las ganas: CONTINUARÁ...

viernes, 20 de abril de 2007

LOS SONIDOS DE LAS VACACIONES


Los que han estado en Galicia dicen que es muy bonito, pero nunca sabes “qué tan bonito” es hasta que no cruzas la frontera entre Castilla León y la comunidad de los mariscos. La diferencia es notoria, ya que el paisaje pasa de ser plano y sin vida a llenarse de montañas y árboles centenarios.

Después de unos kilómetros de bosques montañiles te encuentras con el primer desencanto, que son los restos de los incendios exhaustivos del año pasado. Hectáreas y hectáreas de cenizas y árboles calcinados, alimentando un paisaje árido y con algunos retoños de plantuchos que renacen como el ave fénix.

Una vez cerrada la boca (el mal trago nunca se digiere), llegamos a nuestro destino: Vigo. Se trata de una ciudad de tamaño medio, con puerto y con infinidad de cuestas que la convierten en una “ciudad diagonal”. Poco después de entrar a la ciudad, nos topamos con unos “caballitos”, una glorieta de referencia obligada para orientarse o encontrarse con alguien para ir a algún sitio. Fue ahí donde quedamos de vernos con nuestros más recientes amigos, aquellos que endulzaron nuestros días de vacaciones gratuitas en Punta Cana, y con quienes fortalecimos más todavía nuestros lazos de amistad y afinidad durante estos cuatro días de “recogimiento” que, me parece, nadie utiliza ya para tal efecto.

Vigo también ofrece infinidad de antritos con diversas temáticas para tomarse una cerveza o un vinito todos los días y no aburrirse con la decoración. Según me cuenta mi amiga-anfitriona, en Vigo proliferan con gran profusión las bandas de rock alternativo y los lugares de exhibición de las mismas, de manera que empieza a generarse un mercado musical bastante interesante y prometedor. No pudimos asistir a ninguna función (como nosotros, los viguenses, vigueños, vigosos, que no vigorosos, o cualquiera que sea su gentilicio, estaban también de vacaciones, con lo cual la ciudad estaba de lo más tranquila y vacía. Una delicia), pero a cambio vimos un cachito de la procesión (¿del silencio?) con los “Ku Klux Klan” (cualquiera me mata, pero es que el traje es igualito, pues…) de rigor y las señoras de negro con peineta, entre santito y santito.

Entre los roles turísticos recorrimos Santiago, la capital de Galicia y hogar de la bien conocida vieira del peregrino, abundante en puestos de souvenirs para turistas repletos de bastones-vieira y demás equipamiento religioso. También fuimos a La Toja (yo no sabía que el susodicho manantial era gallego. Siempre se aprenden cosas con los viajes) y nos encontramos con un museo-compreustednuestrosproductos pequeñito, pero interesante.

El balneario está en una isla a la que se accede a través de un puente y tienen ahí toda la instalación para pasar unos días en tratamiento-aguangamiento del ser, con los balnearios, masajes y todo el kit, además de una capilla con paredes de concha.

Entre paseo y paseo, visita y visita, comidas sabrosas y abundantes. Burp! No pudieron faltar en el menú los mejillones, las navajas y las ostras; el queso de tetilla con membrillo, el famoso albariño (menos pa’ mí, por razones ampliamente explicadas en capítulo anterior de esta ilustre coluCna), unas croquetas de pollo de la abuela de mi amiga que estaban de no mames, y una fabada asturiana que, aunque no viene a cuento con Galicia, pues es de sus vecinos de al lado y estaba de p… madre.

Y hablando de Asturias. Al volver paramos en Gijón. Ciudad más bien sosa, tirando a fea. Con playa, eso sí. Pocos bares, pocos restaurantes. La primera noche cenamos en el restaurante del hotel. Nos sentamos cerca de otra pareja menos joven que nosotros y, como gente educada que somos, desarrollamos la conversación en un volumen bastante bajo, para no molestar a los vecinos. Así que aquello estaba como biblioteca, porque sólo éramos ellos y nosotros. De pronto, escucho un mglup (sonido de cuando tragas líquido, en plan efecto de sonido y con megafonía) y me dije “el señor de la otra mesa se habrá atragantado” (como cuando das un gran trago de agua y te duele cuando pasa por la garganta).

Pues nada. Al rato otra vez, el sonido con megafonía. Comenzamos a comentar el tema, así, en bajito. Le traen el café al ñor, y va de nuez! Pero qué joder, si la taza es pequeñita!!! ¿De dónde saca este hombre tanto líquido para hacer semejante ruido al tragar? Y no es que fuera molesto. Pero es que costaba mantener la serenidad y no soltar una carcajada, de veras! Yo, es que si intento hacer todo ese ruido, me cae que me pasa lo del dolor de garganta! Bueno, eso teniendo en cuenta que soy tan inútil que ni siquiera sé eructar.

En fin. El señor iluminó mi cerebro con la anécdota de esta semana y por ello le doy las gracias. Garganta Hulk aparte, la pareja era bastante educada, me parece.

Hace una semana que terminaron las vacaciones y escribo hasta hoy por culpa de los deberes atrasados que se acumulan por culpa de las mismas: toneladas de ropa sucia, la casa hecha un asquito, desfacer las maletas, etc.

Pero aquí estamos de nuez. Que viva Españaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!

Je je. A ver si alguien viene y me lincha. Acabo de violentar una de las reglas sagradas euskaldunes. Pero es que al volver se acaban los sonidos. Los sonidos de las vacaciones.

Un besito linchado,

Suza.

martes, 27 de marzo de 2007

VISITA A LOS MADRILES


Esto de vivir en Vitoria la vuelve a una pueblerina. En mi última visita a Madrid me di cuenta de que ya perdí la costumbre a muchas cosas: Al ruidajo de una gran ciudad, a los indigentes (aquí "sin techo"), a los pedigüeños y a que las farmacias tengan un horario más amplio. En mi primer día de paseo por la Gran Vía fue lo primero que noté: el ruido. No sé si es que mis oídos se han vuelto delicados, pero era verdaderamente molesto. Lo bueno es que se pasa pronto si te distraes viendo todos los enormes edificios que abundan en esta ciudad. A mí me siguen impresionando las grandes estatuas que adornan los tejados de algunos.

Como buena gran ciudad, también tiene sus espectáculos públicos gratuitos: una señora en la calle Preciados que, hincada en el suelo como si rezara a la Meca suplica a gritos que le den algo para comer, mientras alguno se apiada y le echa unas monedas mientras le dice que en la "comunidad" la pueden colocar, que vaya y pregunte. Me imagino que el señor no pasa por ahí muy seguido, porque a la señora la vi en sus "lamentos" todos los días. Yo, acostumbrada al modus vivendi tapatío, no doy ni una moneda a nadie.

Otra cosa chida de los grandes edificios son las vistas que hay desde ellos. Para prueba, la foto que engalana la coluCna de esta semana. La tomé mientras esperaba mi comida en la terraza del Corte Inglés de Callao. Al fondo se aprecian los tejados del Teatro Real y del Palacio Real más al fondo, a la derecha. Ese día hacía mucho viento y se oían unos ruidos muy feos allí arriba. Se anunciaba el temporal, mismo que me perdí en Vitoria, con la nevada más gorda de todo el año. Cuando volvimos sólo quedaba el cochinero que suele quedar tras la nieve.

En uno de mis periplos por la gran ciudad decidí vistar el Museo Thyssen. Me recorrí toda la colección habitual y, como de costumbre, me fijé en aquello que no es noticia; el cuadro que más me gustó no figura en ningún lado: ni en las guías, ni en los grandes catálogos (y mira que son dos librotes bien gordos!!!) ni en ningún souvenir. Esto me recordó aquella ocasión en que fui de ilustre representante de don Chema-muriá al University Club, en Guadalajara, a la inauguración de una exposición de una pintora, de temática rural. No sé si se les quedaría un cuadro de una exposición anterior o qué, el caso es que me recorrí toda la sala, que consistía básicamente en cuadritos de casitas rurales con inditos, con lluvia, sin lluvia, con plantitas. En fin. Con mucho colorido. Y al final de todo estaba un cuadro que no pegaba nada con la temática en cuestión: en un marco blanco (bastante feo, he de aclarar) estaba un cuadro azul que mostraba una bota vieja cortada de perfil por la mitad y pegada en el lienzo, con unos trozos de periódico, todo teñido de azul obscuro. No sé si es que tengo una gran fijación por los zapatos, el caso es que aquel cuadro me encantó y me quedé mirándolo a gusto, largo y tendido.

Nunca pensé que mi abstracción causaría ningún impacto, pero cuando salí de ella había un montón de gente a mi alrededor, admirando el mismo cuadro extraño, y haciendo caso omiso del resto de la colección. ¿?

En el Thyssen no me pasó lo mismo, afortunadamente. Sólo yo me enteré de que aquel "Desnudo No. 1" no figura en el consumismo de los visitantes de museos. Bueno yo y la señorita que atiende la caja de la tienda de souvenirs del museo. En cambio, el "Verde sobre Morado" sí que está!!! Y lo pensé cuando lo vi. Ya me temía que algo así iba a pasar. En cuanto empiezas a ver cosas de esas que dices "pos como que yo hago un cuadrito y vengo y lo cuelgo", malo. Para quienes no han entrado en el museo, les puedo decir que es un gran lienzo pintado de morado, con un gran cuadrado verde encima, un poco más pequeño que el cuadro general. Aparte de las agujetas de pintar un lienzo tan grande, y de la mezcla para obtener los susodichos colores, pos como que no le encuentro el arte, tú. ¡¡¡Seré analfabeta!!!

La semana se salvó con una visita al teatro: Los Productores me dejaron alucinada. No es que yo haya ido mucho al teatro, pero es lo mejor que he visto en mi vida. Un despliegue de medios alucinante y una clara firma de su autor, Mel Brooks, a lo largo de toda la obra. Don Santiago Segura, mejor conocido como "Torrente", no es que cante muy bien, la verdad. Pero sabe actuar y la obra, a pesar de ser larga, se pasa como agua. De esa noche rescatamos la foto que engalana la parte derecha de éste, su antro (sí, ya chole con la foto de la bufanda. Que ya la cambio, pues).

Aparte del frío que pasé, tanto dentro como fuera del hotel, no hay otra cosa qué destacar. Bueno, que al llegar a la habitación el primer día, corriendo para ir al baño (llevaba más de una hora queriendo ir y por evitar infecciones me esperé hasta llegar a la habitación del hotel), lo primero que veo al entrar son un par de maletas y un portafolios en la mesita. "Jony, dis sit is teiken", le dije a mi querido cónyuge. Agarré mis chivas tal cual entré con ellas y volví al pasillo. Él agarró el teléfono y llamó a recepción. Salió tras de mí y cerramos la puerta. A esperar que subieran a aclarar el desaguisado (menuda palabreja para describir algo que nada tiene que ver con comida), mientras los ojitos se me ponían cada vez más amarillos. Finalmente nos pusieron en otra habitación, en otra planta, de la que me pasé renegando hasta que nos cambiaron a la misma planta que la primera vez, porque no había manera de calentar esa habitación. Mal hotel. No repito y desrecomiendo. Tryp Menfis, pa'l que necesite saber. Al cabo la zona está llena de hoteles. Por probar malos no pararemos!!! Je je.

Un besiño y felices próximas vacaciones! Nosotros nos vamos a Galicia, a visitar a los amigos que quedaron de "LA SUERTE DE LA FEA".

lunes, 22 de enero de 2007

LA SUERTE DE LA FEA

Yo no creo en la suerte. Pero hay ocasiones en las que se podría creer que existe, aunque a mí me gusta más bien pensar en que es el destino o el karma los que deciden esas cosas que nos ocurren sin que nosotros tengamos mucho poder sobre ellas.

En general, en la vida se ganan pocas cosas por sorteo. Algún reintegro en la lotería y cosas así. Pero nada más. La primera cosa que gané fue una canasta navideña llena de "delicatessen" en una posada en mi último trabajo. Fue la primer y última navidad que celebré con mis compañeros de la radio (al año siguiente me vine a Europa y me quedé en España) y me gané el premio más gordo. Pues sí. Me puse muy contenta. Y disfruté mucho de la canasta porque la pude compartir con mi familia.


La segunda cosa que gané fue hace poco. En noviembre, para ser exactos. Y fue un pelín más grande: Un viaje al Caribe. Al principio me costó creerlo. Lo primero que pensé es que se trataba de un timo o, como dicen aquí en España, de una engañufla. Y me dije que hasta que no estuviera sentada en el avión no me lo creería. Pero era cierto. Nos fuimos en tren a Madrid e hicimos un viaje que no es el mejor de nuestras vidas (he viajado demasiado como para que una semana en el Caribe se convierta en el mejor viaje de mi vida, por mucho que haya sido gratis) pero sí uno que ha sido muy rentable porque hicimos nuevos amigos.

Las vacaciones nos cayeron como anillo al dedo, por supuesto. Y el sol también. Y además el conocer un país que, de entrada, no se me había ocurrido visitar: República Dominicana. No es que le hiciera el fuchi, pero es que siendo yo de México y habiendo pasado ahí 5 semanas de luna de miel el verano pasado, recorriendo medio país, pues República Dominicana no viene a cuento cuando hay países que son diferentes a México y que todavía no conozco.

República Dominicana tiene similitudes a México en cuanto a la vegetación, la arquitectura y la estructura turística, aunque en pequeñito. Y tiene de diferente que la mayoría de la población de RD es de raza negra. En México es más bien difícil encontrarse con un negro. Yo sólo recuerdo haber visto uno en toda mi vida allá. Y que en lugar de tequila beben ron. Yo en lo personal prefiero el tequila. El ron no me suele caer muy bien que digamos.

El caso es que descansamos, hicimos algunas excursiones, nos divertimos mucho y ganamos como amigos a una pareja de gallegos que viven en Vigo. Un gran regalo.

Lo último que gané, que tiene menos suerte y más mérito, fue un concurso de cuentos y relatos breves, con un relato titulado "El Señorito Filomeno". Es el primer concurso literario que gano y esperemos que no sea el último. A lo mejor porque éste premio sí era creíble cuando me avisaron que había ganado, lo disfruté más que cuando me dijeron lo del viaje a Punta Cana. Brincaba de contenta y no podía borrar la sonrisa de mi cara.

Y después de toda esta presunción, deduzco que en la vida se disfrutan más los triunfos que la suerte. No desdeño a la suerte. Nunca vienen mal unos milloncitos del Euromillón. Pero el orgullo de sentir que se ha hecho algo lo suficientemente bien como para que sea reconocido es insuperable.

Ojalá y todos los que lean esto puedan experimentar alguna vez estos sentimientos. Si no es así, ojalá y tengan buenos y verdaderos amigos. Es cursi, pero son muy valiosos.

Feliz Año de la suerte, 2007