martes, 30 de septiembre de 2014

DESAYUNEMOS TODOS

Siempre he sido la primera en renegar del desayuno. No me entra la comida antes de las 9 de la mañana. Si voy a salir por carretera, suelo prepararme un sándwich y un café para comer por el camino. Si salgo de casa de madrugada, directamente me atengo a lo que pueda encontrar durante mis actividades posteriores a las 9. ¿Por qué esa imposibilidad mía de meter comida en mi boca antes de las 9, da igual la hora en la que me levante? No lo sé, pero sólo de pensarlo me entran las náuseas.

Todo esto viene a cuento porque llevo una semana a dieta. Estoy siguiendo un "programa saciante" de una conocida empresa que funciona, principalmente Online, aunque también tiene reuniones en algunas ciudades. El caso es que, desde que empecé la dieta, me las he estado arreglando para desayunar. He conseguido perder peso, sí, pero también he conseguido resistir a todas las tentaciones gastronómicas que se me han puesto por delante.

No avalo ni repruebo los estudios que dicen que no es recomendable saltarse el desayuno y, en general, aunque soy muy de ayunar, intento mantener una alimentación más o menos equilibrada a lo largo de la semana, sobre todo en la comida del mediodía que, para mí, es la más importante. Pero esta semana he descubierto la utilidad primaria del desayuno en una dieta hipocalórica: la saciedad.

Eso sí, considero que, si después de haber desayunado tienes hambre, el efecto puede ser contraproducente. Al menos a mí, me es más fácil no comer en ayunas, que abstenerme si ya le metí algo al estómago.

En fin. Esto es sólo una recomendación y una invitación a acompañarnos si es que alguno de mis lectores está haciendo dieta también.

Y ustedes, ¿qué suelen desayunar?

Aquí les dejo un "zumito" de naranja, para ir entrando en calor. Que al fin y al cabo, esto es un bar. =)

sábado, 20 de septiembre de 2014

VOLVERÁN LAS OSCURAS GOLONDRINAS

Hace tiempo que tengo intenciones de retomar este antro de perdición, pero no soy lo que se dice estrictamente disciplinada y mi voluntad tiene vida propia. Hoy, con el pretexto de alimentar otro compromiso "editorial", decidí que era buen momento para darle un nuevo soplo de vida a este rincón del universo virtual y aprovechar otras herramientas a mi alcance, como Facebook.

En realidad, esta página comenzó como un compendio de las cosas que me sorprenden o que generan grandes diálogos ociosos en lo más recóndito de mi retorcido cerebro dirigido, principalmente, a familiares y amigos cercanos a quienes tengo lejos desde hace casi 13 años, por cambiar mi lugar de residencia. Pero en el fondo, también se trató de un intento por mostrar a mis compatriotas mexicanos (ahora también tengo compatriotas españoles) que las cosas se pueden hacer mejor, que es posible luchar por obtener lo que queremos (un mejor país en mi caso, cuando lo abandoné) y que hay lugares en este planeta con gente que se ha sabido organizar mejor. En esto último evidentemente no he tenido mucho efecto. Pero al menos parece que he entretenido al personal que me ha seguido leyendo y pretendo seguir haciéndolo, amén de generar algún que otro diálogo que nos lleve a la conclusión de que todo esto sirve para pasar el rato y para intentar ser mejores personas cada día.

Y con esta intención, quiero denunciar un fenómeno horrible y humano que se ha generado en uno de los más bellos paraísos mexicanos: la rapiña después de la tragedia. En un momento ya de por sí difícil, la gente, en lugar de organizarse para salir adelante, se organizan para hundir más al prójimo. No alcanzan a ver que el bienestar general es mucho más provechoso que el bienestar individual. O, si alcanzan a verlo, les importa una mierda. ¿En dónde quedaron los mexicanos que arrimaron el hombro con el terremoto del 85? ¿En dónde están todos aquellos que se quejan de lo que roba el gobierno y de lo poco que ayuda a los ciudadanos? ¿Son esos 4 ciudadanos cabeños que han conseguido organizarse en autodefensas para cuidar, en condiciones muy precarias dentro de un territorio sin ley ni orden ni Estado ni Dios, las pocas pertenencias que les quedaron después de uno de los huracanes más devastadores de esta era en esa región?

¿Tengo intereses propios en el lugar? Pues claro! Mi hermano vive ahí y se dedica, si no todos los días, todas las semanas, a intentar hacer de éste un mundo mejor. Ya sé que todas las personas hablan maravillas de sus parientes y para ell@s siempre son lo máximo, los quieren mucho, etc. Sí, todo eso. Pero es que mi hermano, además, es una persona que tiene la gran habilidad de preocuparse sólo por lo que vale la pena y de restar importancia a las agresiones de las personas que no le importan o que simplemente están en una situación más desfavorecida que la suya, por la razón que sea. Es un señor que se dedica a salvar tortugas a cualquier hora del día o de la noche SIEMPRE QUE LE LLAMAN. Es un hombre que, como amigo, puede convertirse en tu mayor tesoro, en tu mejor ejemplo y en tu más grande fuente de aprendizaje, conocimiento y estado zen (aunque él no sea nada místico en sí mismo).

Ahí están, desveladas mis segundas intenciones. Menciono a ese lugar preferido por mí, Los Cabos, porque ahí está una de mis personas favoritas (los que me conocen saben que son muy pocas) y porque, en mi opinión, era uno de los últimos lugares que quedaban en el país con algo de esperanza. Odile sólo vino a confirmar el diagnóstico: Los Cabos también están infectados del valemadrismo y la cabronez del mexicano mayoritario. Cuando un fenómeno meteorológico de esa magnitud no sólo no saca lo mejor de nosotros mismos, sino que saca lo peor, ¿qué nos queda como nación?

Desde aquí, toda mi buena vibra a todos los cabeños que se quedaron a defender su hogar, y mis mayores deseos de prosperidad a todos ellos y a quienes, por la circunstancia que sea, se vieron obligados a huír de tan mágico y trágico lugar.