miércoles, 25 de marzo de 2009

CRÓNICAS TAPATÍAS

Casa Da'Mamasa 20090318 Una de las primeras cosas que se notan al estar en la ciudad es la contaminación. Las manos se ensucian constantemente y el cabello no dura limpio más de 1 día. Además, se advierte una mancha de un tono café con leche que circunda la periferia por arriba de los edificios, y el cielo es de un gris desteñido y no azul. Por otra parte, la luz en Guadalajara es mucho más abundante que en Vitoria. El hecho de que el sol esté completamente cenital sobre nuestras cabezas o no, se nota un webo. Aunque usted no lo crea… Aparte de esas diferencias extremas y sutiles de Guadalajara vs. Vitoria, mi estancia en suelo tapatío transcurrió de manera por demás feliz.

El primer día desperté antes de las 6 de la mañana, y eso que me había acostado más bien tarde, entre la llegada, un poco de desempacar regalitos, la puesta al día con mi madre, y todos los etcéteras implicados en el regreso al hogar materno después de casi 3 años desde la última visita.

Bajé desde mi cuarto hasta la cocina unas 4 veces antes de por fin oír que el despertador de mi madre sonaba. Fui presurosa a su encuentro, mientras ella se hacía la remolona. Puse los brazos en jarras y le espeté: “Bueno, pues!!! ¿A qué hora se levanta la gente en esta casa?”.

Cuando estuvo lista la llevé a su trabajo y luego me fui de compras. La ciudad ya no es la que yo recuerdo. Con relativa frecuencia tengo sueños en los que aparecen diversos lugares de cuando yo vivía ahí, pero muchos de ellos ya no son como los sueño. Hay otros edificios, otras casas y otros pasos a desnivel.

Tuve oportunidad de conocer un nuevo centro comercial que se entiende como muy fresa (pijo, pa’ los locales ibéricos) y que está en medio de una zona que parece el World Trade Center latinoamericano, con varios edificios altos, que seguramente no llegan a rascacielos pero que por intentarlo no quedan. Se llama “Andares” (si hasta parece nombre de centro comercial fresa chilango y todo!!!) y está invadido de tiendas españolas. Casi todo el repertorio de grupo Inditex, al que sigo teniendo vetado por el asunto aquél de las bragas, estaba presente en una amplia zona del recinto, más Sfera, Tous, Dione y otras marcas conocidas. Y tenían los precios españoles, claro, lo que en pesos significa un montón de dinero.

Y no sólo en el ámbito de la moda está presente España. También la podemos encontrar en el supermercado, con productos culinarios adaptados al gusto local como éste:

Tortilla con jalapeño

Me imagino que para más de algún ibérico la tortilla ésa será un poco sacrílega. La verdad es que no la probé, porque mi agenda culinaria estuvo más bien apretada, pero por sacar la foto no engorda una, así que ahí está.

Después de hacer mis primeras compras (algo de despensa de cosas que no quise cargar en el viaje, y algún vicio que se me pegó por ahí) volví a la casa, dejé la despensa y me enchufé al ordeñadó, para ver si mi puchunguito había sobrevivido a mi ausencia. Parecía que sí, aunque no sin esfuerzo. Después, durante el transcurso de la mañana, me cayó el veinte de que se me había olvidado darle propina a la mujer que me empaquetó las cosas en el súper. Oh! Mala mujer que llega por aire desde las Iberias, acostumbrada a reclamar hasta el último céntimo de los cambios y a que la propina ya no se lleva!!! Total, que sabiendo como sé, que las personas que trabajan ahí no cobran más que las propinas de la gente, volví al súper en cuestión y le di una propina más gorda de lo habitual, de puro remordimiento. No sé si es habitual que la gente “se olvide” de dar propina, pero la mujer ya ni se acordaba de mí, y eso que no habían pasado más de 2 horas… =/

Luego ya fui a recoger a mi madre a su trabajo para irnos a comer. Me estrené con el sushi. En Vitoria no hay, excepto una pequeña muestra en un restaurante chino de buffet que hay en el Bule y que no tiene nada de extraordinario, así que me supo bien probar un sushi preparado con esmero.

En la tarde me puse de acuerdo con mi prima, Alejandra, para ir a saludar a mi abuela. Al final, más o menos a eso iba: a celebrar su cumpleaños 102. Como el helicóptero estaba descompuesto tuvimos que ir a Zapopan en coche, lo que nos llevó más de lo que yo recordaba que costaba ir, dado que fui recibiendo instrucciones del tipo “métete por aquí, y ahora por acá, porque está todo escarbado”. Al final, la ruta de siempre era la mejor, por las avenidas, aunque hay que dar un rodeo de todos modos. El Hache Ayuntamiento de Zapopan ha tenido la brillante idea de peatonalizar toda la cabecera municipal y pretende obligar a TODOS sus vecinos a que dejen sus coches en el estacionamiento de la Basílica, pagando, por supuesto. Pero no es una peatonalización total, sino que simplemente harán las banquetas (aceras en España) más grandes, eliminando los lugares que antes de la obra había para estacionarse. Con lo cual, lo único que hacen es fastidiar a la gente impidiéndole que se acerquen a casa en coche, sin poner una solución realista y suficiente al asunto del estacionamiento. Porque la cabecera municipal abarca varios kilómetros que se alejan de la basílica. Ya quiero ver lo que opinan quienes viven a más de esa distancia… En fin. Si los propios ciudadanos no protestan, ¿yo qué voy a hacer? La gente sigue acostumbrada a tener esa actitud agachona y sumisa de siempre, mientras los políticos, gobernantes y poderosos se sirven de las arcas públicas cada vez con más descaro y gandallez y, cuando trabajan “en pro del pueblo” lo hacen como les sale de la seta.

Después de varias vueltas y viajes en reversa al encontrarnos con varias calles cerradas y sin señalizar, conseguimos llegar a casa de mi tía Catalina, que es en donde vive mi abuela. Mi tía se había ido a misa, así que sólo estuvimos un rato con mi abuela y con la mujer que la cuida en las tardes, porque mi abuela no estaba como muy despierta que digamos. Ya sólo la sientan un rato al día, para comer, y el resto del tiempo está en su cama, tapada porque siempre está fría. Le fallan ya un algunos órganos, pero ahí sigue, aunque la opinión general, incluida la mía, refiere que no aguantará otro año más. La mujer está en los huesos. Si le pones la mano sobre la cadera, incluso a través de las cobijas, puedes adivinar perfectamente su anatomía ósea, lo cual es bastante impresionante.

Cuando volvimos a casa de mi madre le cayó otro de mis primos, Poncho, que además tuvo la amabilidad y el buen tino de haber ido por mí al aeropuerto el día que llegué, sobre todo porque a mi madre se le hizo tarde. Así que gracias a él tuve una cara familiar esperándome al otro lado de la puerta del aeropuerto. =)

CONTINUARÁ…

7 Kalimotxos:

El Santy dijo...

Pues si en tres años has notado cambios, que serán los 8 años que hace no piso las calles que rodean la virgen blanca, y en esa ocasión fué una sola semana, antes de ello 4 años mas de ausencia.

De las propinas yo la mayoría de las ocasiones no les doy, salvo cuando son viejitos, pero a los chavales ni madres porque se lo gastan en las tragaperras que están en el mismo centro comercial

Suza dijo...

La plaza de la Virgen Blanca está totalmente reformada: Quitaron lo verde y le pusieron iluminación de colores, y unas fuentes de esas que salen del suelo, aparte de luces que te encandilan si volteas al suelo, porque salen de ahí abajo... El casco viejo se mantiene más o menos igual, Bar más o Bar menos, y escaleras eléctricas estrelladas o renovadas...

Lo de la propina es porque en donde compré contratan sólo gente mayor. Por eso volví. Porque la afectada era una ñora...

Anónimo dijo...

Ayyy... ¡tu crónica me hizo extrañarte más todavía! y gracias por poner la "actualización" de la casa porque ahora sí se me hizo conocida... =)
Ya me acabé las paletas Manhattan y hoy le doy matarile al helado de Baileys... me sacrifico, pues...

Suza dijo...

Una verdadera lástima que aquí no haya de esas paletas. Nomás me comí unaaaaaa!!! =(

Qué pena me da tu caso, con el helado de Bailey's por delante. Casi voy a llorar.

Aquí ya es de nochi. Así provechito cuando te toque ir a comesh. Yo también te extraño. Ya no tengo a quién darle el coñazo en la mañana. =(

Mal de ojo dijo...

¡Qué impactante! Recuerdo cuando las hojas de la palmera se metían por la ventana de mi cochecito.
Una paleta Manhattan, mmm, delicia.

Anónimo dijo...

Estoy comparando las fotos otra vez y veo que los pinos no se alcanzan a distinguir. ¡Ah, y el jazmín está cargado de flores! con decirte que ahora se ve totalmente blanco y huele precioso... en las noches, cuando hace algo de viento, el olor se mete por mi ventana hasta mi cama... ¡y no tengo a quién llamar para que lo huela!!! buáaaaa

Pablo dijo...

Yo probé una de esas tortillas españolas en GDL y me sirvió para emparchar la noche y no cocinar. No están malas del todo, pero es que mi paladar tampoco es muy fino. Sin embargo, aquí en el DF me encantan las croquetas y la tortilla de la Covadonga, el centro asturiano. Creo que esas, ni mi abuela.

Saludos,

Euskaltitlán.

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