domingo, 27 de septiembre de 2009

LONDRES EN UNA PROBADITA

Gran Benito Después de tanto paseo y tanta comida, el martes amanecí agotada. Desayuné temprano, acompañando a Juanjo y aprovechando su madrugamiento para aprovechar mejor el día yo misma. Terminé de arreglarme y escribí la crónica anterior, antes de dirigirme al cibercafé de “la mujer amable” para subir mi crónica.

No estaba ella, sino un güey de apariencia hindú que también me atendió bien y conseguí hacer un uso mínimo del servicio (media hora), más que suficiente para hacer un repaso rápido al correo y subir mi crónica. Una de las grandes ventajas de viajar con mi propia Lap-top: en ella puedo descargar las fotos que yo quiera de la “cámara chica”, porque tiene un adaptador para esas tarjetas, y también puedo escribir aquí mis cosas antes de ir al cibercafé, con lo que me ahorro costoso tiempo de uso de las instalaciones y, por ende, dinero. Además de lo cómodo de trabajar en tu propia computadora. =)

La Maja Desnuda Bueno, presunción aparte, como todo eso se hace sentada, me sirvió de descanso antes de continuar con mis actividades turísticas. Ese día tocaba ir a Buckingham, porque en la guía que compré dice que vale la pena nomás por ver las polaroids pegadas en el refrigerador familiar. Puta mentira. O será que eso era otros años. Por lo menos éste, lo único que te enseñan son los “salones oficiales”, que son más o menos como los de cualquier otro palacio (y ya he visto unos cuántos en Europa: Schönbrunn, Palacio Real –Madrid-, Aranjuez, etc.): con un montón de sillas y asientos QUE NO PUEDES USAR, mucho doradito, tapices, cuadros de antepasados más bien feos (por no decir directamente repulsivos en algunos casos. O los que hacían los cuentos clásicos tenían otros parámetros de belleza, o eran contratados por la realeza a manera de publicistas, o es que la belleza de los príncipes y reyes en los cuentos también formaba parte de la fantasía, porque yo, en todos los retratos que he visto, la gente que ahí sale es bastante feíta…), estatuas, etc. Lo que sí me llamó la atención de Buckingham, respecto de otros palacios, fueron tres cosas: Está lleno de relojes (a lo mejor mi madre tiene antepasados entre la realeza inglesa y no lo sabemos), tiene unas estatuas de bronce que me recuerdan a aquellas que tantos y tan fuertes pleitos han propiciado entre mis parientes de origen materno, pero limpias y puliditas, y me reveló que la famosa porcelana de Sèvres que tanto alaba Barbra Cartland en sus novelas es horrible. O será que a mí, desde mi gran incultura en esos temas, si me pones una o varias piezas de esas en un bazar de chinos ni me entero… =/Downing St

Por lo demás, con este palacio me pasó un poco lo mismo que nos pasó en el Guggenheim de Bilbao la primera vez que fuimos: está mejor lo de afuera. Los jardines del palacio la verdad es que son muy bonitos. Lo malo es que tampoco se pueden visitar “abiertamente”. Puedes verlos “de lejitos” desde un caminito que va desde detrás del Palacio hasta la salida del tour que hice, pasando primero por la tienda de souvenirs, en donde compré unas galletas “reales” para Juanjo, que le gustan esas cosas, y la verdad es que están muy buenas. =)

El paseo, junto con la fila que hay que hacer de más de una hora para comprar el boleto para entrar, me dejó los pies hechos puré y, como estaba sola, no pude resistir la tentación de volver al hotel y descansar un poco. Ahí esperé a que Juanjo volviera y, cuando lo hizo, nos fuimos a conocer el Soho.

Osito Picadilly Está cerca de Picadilly y es famoso por su vida nocturna. Además, tiene una zona conocida por su vida homosexual, que tiene varios sex-shops aparentemente dirigidos al mercado masculino (o al menos yo no vi, así desde afuera, ningún producto para mujeres). La verdad es que, si no lo sabes, tampoco se nota tanto. Canta mucho más la zona de Chueca, en Madrid. El caso es que dimos un paseo por ahí y al final decidimos cenar en un restaurante de sushi que vimos al principio y que me llamó mucho la atención por su funcionamiento. Es un local de una cadena llamada Yo!Sushi. Entras y te sientas delante de una barra, detrás de la cual están los cocineros. Te ofrecen bebida y alguna sopa y por delante de ti, en una banda parecida a las de los equipajes en los aeropuertos, pasan infinidad de platitos de colores con diversos tipos de sushi, tempura, arroz, fideos y comida japonesa en general, y tú vas agarrando el que más te llama. Al final, te cobran según el color de los platitos que agarraste (cada color tiene un precio distinto). Es, para mi gusto, el mejor aprovechamiento del dicho “la comida entra por los ojos”. Y lo que tiene de bueno es que, a pesar de tanta oferta, no comes de más. En cuanto dejas de tener hambre paras y no te ves obligado a comer de más porque te lo han traído…

Después de eso, nos fuimos a tomar el postre a un Starbucks que había ahí cerca. Seremos nacos, lo sé, pero en Vitoria sigue sin haber, así que para nosotros sigue siendo turístico, pues. =P

El miércoles sólo nos quedaba la mañana para hacer turismo y lo invertimos en Camden. K nos lo había recomendado y se había ofrecido a llevarnos, así que nos vimos allá y la verdad es que lo disfrutamos mucho. Es una zona eminentemente comercial, llena de tiendas de ropa, zapatos, accesorios y chiringuitos de comida (la verdad es que en Londres es difícil pasar hambre), con un mercado que colinda con la esclusa local y que tiene unas vistas como muy típicas, además de armoniosas. Y como me vi muy mesurada durante mi periplo, ahí aproveché y di un poco de rienda suelta al consumista que llevo dentro. Me compré un bolsón, unos pantalones de esos que parecen falda, y una pulsera. =)

Y, para que no se dijera que no conocemos la lluvia londinense, alguna gotita de recuerdo nos cayó. =P

Ventanita subterránea Una última curiosidad de Londres: Abundan las viviendas-sótano. Cuando vas caminando por la banqueta, pegadas a la pared hay una serie de “alcantarillas” que son normales, hasta que las ves de noche. Llaman la atención, porque de ellas sale luz y, si te fijas con detenimiento, verás que debajo de dichas alcantarillas hay ventanas en donde la gente está cenando, platicando y haciendo su vida diaria. No pude tomar fotos de las alcantarillas, pero sí conseguí fotografiar una ventana medio subterránea que me llamó la atención y la cuelgo aquí para deleite de mis lectores. ^^

Volvimos a Vitoria sin incidentes y con ganas de más. Londres es de esas ciudades en las que dan ganas de quedarse.

Un beso.

3 Kalimotxos:

Elena Arriola dijo...

Prima! Qué padre lo de las ventanas! Y qué padre viaje :-)
Saludos.

Estrella dijo...

Me ha gustado leer tu estancia en Londres.

No sé si para quedarse, pero Londres, tiene el encanto de las ciudades cosmopolitas, que nunca cansan ... (al menos a los curiosos del conocer).

Besos de Estrella

Cris dijo...

Pues me ha picado la curiosidad por Londres... ¡Me ha encantado tu viaje! :)
Estoy poniéndome al día en temas blogueros, que el tuyo lo leí hace tiempo, pero no tuve el cuajo de firmar, jejeje.
Este año quizás yo vaya Estambul, aunque aún ando organizando viajes... como el del sur francés, a la zona cátara. A ver si las amistades se deciden.

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