jueves, 24 de julio de 2008

NUEVAS TÉCNICAS DE VENTA

Me llaman de una "editorial" y me ofrecen un libro de cocina a cambio de 3 euros de "gastos de envío" y contestar una encuesta. Digo, 3 euros por un libro, bien. Anteriormente ya les había "aceptado" el envío de una colección de Benito Pérez Galdós, por más o menos la misma módica cantidad.

Me llama el vendedor para confirmar que estoy en casa y a los pocos minutos llega. Huele a acalorado y a cigarro. Mal rollo. Pero bueno. Va bien vestido. Me dice que “necesita una mesa” para hacerme la encuesta, así que sin otro remedio lo invito a pasar a la cocina.

Me entrega el libro de cocina prometido “y un cedé de mi parte” con música clásica. El libro no está nada mal. Tiene muchas recetas que parecen ligeras, buena presentación y buenas ilustraciones.

Y comienza la encuesta. Primero te llevan al huerto para que contestes que prefieres que las empresas inviertan en hacerte descuentos por sus productos y en regalos, en lugar de hacerlo en publicidad. Luego, una vez que estás convencido de que las empresas que invierten en ti son cojonudas, te enseñan un “catálogo” con artículos diversos. ¿?

Me costó un buen rato entender el porqué del susodicho catálogo. Se suponía que tú tenías que decir los regalos que te son más atractivos para una supuesta “feria” que la editorial va a montar en conocido centro comercial y en la que dará esos supuestos regalos a la gente que compre alguna de sus colecciones. Y te anotan los 3 que más te gustaron.

Luego te enseñan las colecciones que van a vender y te piden que elijas 2. Y luego te dicen lo que esas 2 colecciones y CINCO de los regalos te costarían en la susodicha feria. Y entonces te los venden a ti a “precio especial”. Como es de esperar, te muestras renuente (el precio final es bastante gordo) y entonces el vendedor te dice: “Mira, me bajo los pantalones y te dejo el precio para una persona de 80 años. Te descuento 600 euros de golpe
.

Acto seguido, se inicia una discusión acerca de si es una chorrada que yo no me baje del burro e insista en que tengo que consultar con mi marido una compra de semejante calibre (una cantidad que me permite ampliamente hacer una visita a mi familia, en México), dado que es él quién se levanta temprano todos los días para conseguir el sacrosanto sueldo que nos mantiene a ambos con tanta dignidad.

Al final, el vendedor con cara de derrota, accede a dejarme su número de teléfono para que yo le llame hoy, si es que me decido a sucumbir a sus encantos “porque tiene que ser hoy. Otro día ya no”.

Y, según van pasando las horas, me voy dando cuenta del porqué de su insistencia en hacerme firmar en el acto: cada vez que lo pienso me voy dando más cuenta de que me están vendiendo cosas que no necesito. El precio es en verdad estupendo. Una ganga. Eso no lo niego. Pero me estaban convenciendo de comprar cosas que no estaban ni siquiera en la lista de mis antojos más superficiales.

Al final me queda la duda de si la susodicha editorial vende en verdad colecciones literarias o si vende artículos varios disfrazados de literatura. =/

viernes, 18 de julio de 2008

OYSHO: USTED NO SABE PONERSE LAS BRAGAS


O al menos eso es lo que yo entiendo ante la frase de “Las bragas han sido usadas de manera defectuosa”. Hagamos un recuento: ¿me las he puesto en la cabeza, a manera de gorrito? No. ¿He intentado usarlas de chaleco? Tampoco. Yo simplemente las usaba por SEGUNDA ocasión, cuando me surgió la necesidad de ir al baño, cosa que, hasta donde tengo entendido, es normal. Cuando terminé de hacer lo mío, procedí a subírmelas, tal y como lo he venido haciendo durante más o menos 33 años (no recuerdo exactamente cuándo fue que dejé de usar pañales, pero siendo conservadores, pongamos que hace 32 años que me pongo los calzones yo solita). Fue durante dicho proceso cuando mi pulgar izquierdo se introdujo en un agujero de aproximadamente 5 centímetros. ¡Será cabrón!

Después de una larga historia con la tienda en cuestión, “enviaron la prenda a producto” y unos días después, por teléfono, me comunicaron que “la prenda no tiene tara. Ocurre que ha sido usada de manera defectuosa”.

A mi entender, los expertos de Oysho acaban de determinar que yo soy idiota. O retrasada mental. O irremediablemente incapacitada para usar bragas.

Repasemos: Las bragas en España, o los calzones en México, sirven primordialmente para tapar y proteger la zona del pubis. Entonces, uno mete las piernas por sendos agujeros y procede a subir la prenda hasta que ésta choca con el pubis, y la parte superior queda a la altura de la cadera o de la cintura, según. Y, que yo sepa, toda esta operación se realiza con las manos, sujetando la prenda con los dedos. Que alguien me diga, por favor, si estoy equivocada. Porque hasta ahora siempre lo he hecho así. Y en mis 35 añejos de vida nunca había roto unos calzones. Y cargármelos en la segunda puesta, de verdad que me tiene alucinada.

Busco en Google “Cómo ponerse unas bragas. Digo, ya que alguien fue tan amable de decir “cómo abrir una caja fuerte”, quizá me encuentre una respuesta a mi problema.

Lo primero que me encuentro es el blog de un tal Rafael Reig, quien estudió Letras (como yo) y tiene publicadas varias novelas. Y ante la frase de “Luego se pone las bragas por los pies” leída en una novela de un tal John Updike se pregunta si hay otra manera de ponérselas… Y es lo más cercano a una instrucción que encuentro bajo esa búsqueda. Así que procedo a buscar “Cómo usar unas bragas”. Me encuentro primero con una persona que critica a una mujer de la farándula por no llevarlas y luego critica a otra por llevar un tanga en color carne, alegando que sí que se nota y que una no tiene que andar por ahí enseñando la ropa interior porque a nadie le interesa. El susodicho blog cuenta ya con 23 mil visitas.

Sigo bajando y me encuentro con un artículo de Telemundo, en Yahoo, en el que te instruyen acerca de cómo ordenar tu cajón de la ropa interior, pero no de cómo usarla…

Continuamos con otro blog en el que afirman que Britney Spears “ya aprendió a usar bragas”. O sea, que o de verdad es algo muy complicado o la Spears es idiota, como yo. Sólo que ella ya aprendió y yo no, así que me lleva ventaja. También me encuentro un tutorial de costura y un comentario en algún foro de una que afirma que su chico usa tanga. De momento, ningún manual.

Desesperada, acudo a la RAE. Busco “braga” y me encuentro lo siguiente:

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braga1.


(Del galolat. braca, quizá de or. germ.).
1. f. Prenda interior femenina e infantil, que cubre desde la parte inferior del tronco y tiene dos aberturas en las piernas. U. m. en pl. con el mismo significado que en sing.
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Bueno, ahí dice que se ponen por las piernas, pero eso no aclara en dónde está el uso defectuoso de las mismas, en mi caso.

También acudo a la página de Oysho, para ver si me aclaran algo. Pero nada. Tienen instrucciones para el cuidado de las prendas, mismas que he seguido. Pero en ningún lugar dicen “cómo usarlas correctamente”. Las prendas tampoco cuentan con un instructivo en la etiqueta. ¿Alguien sabe de algún cursillo? Porque yo, francamente me estoy replanteando lo de tener hijos: Si yo misma no sé cómo ponerme las bragas correctamente, ¿cómo les voy a enseñar a ellos a hacerlo? Vivo en un sinvivir. =/

Un besito a los que saben ponerse los calzones como Dios manda. Dos a los que no. ¿Formamos una asociación? =)

jueves, 5 de junio de 2008

ESTENOPEICAS



En la escuela donde estudio fotografía se acaba de realizar un concurso de fotos estenopeicas y participé con éstas dos que ven aquí arriba. Dudo mucho que gane nada, porque la competencia es muy fuerte. Hay gente que se lo ha currado mucho y he visto por ahí grandes fotografías.

Pero eso no quita que yo me sienta orgullosa de las mías. Tienen la distinción de ser mis dos únicos intentos. La mayoría hicieron un montón de fotos y muchas de ellas salieron mal. Así que para haber hecho sólo dos el último día y perdiendo el trasero, las mías no están nada mal.

Y, para quienes desconocen por completo el tema, a continuación la cátedra: Una cámara estenopeica es de fabricación casera. A una caja de cartón cualquiera (también se pueden fabricar con una lata, con la diferencia de que las fotos quedan un poco angulares) la pintamos de negro por dentro y le hacemos un orificio mediano tirando a pequeño, en el que se colocará un trozo de lata de refresco que se habrá horadado con una broca muy fina, recomendable 4 milímetros. Y ese pequeño agujerito es el que da nombre a la cámara, al ser denominado estenopo. Y dicho agujerito se cubre, a poder ser, con cinta aislante, ya que el color negro impide la entrada de la luz. Dicha cinta pasa a ser el obturador de nuestra cámara.

Después se hacen unas mediciones y se aplican un par de fórmulas para determinar el diafragma de la cámara, de manera que con la ayuda de una cámara réflex podemos calcular el tiempo idóneo de nuestra fotografía.

Para hacer la foto, simplemente hay que pegar un papel fotográfico en la tapa, colocarla apuntando hacia donde queremos, medir con la réflex y retirar la cinta aislante. Una vez que ha pasado el tiempo que según nosotros es el suficiente para que se imprima una imagen en el papel, colocamos de nuevo la cinta aislante y podemos proceder a revelar el papel.

En el caso de las fotos que aquí observamos, dicho papel presentaba una imagen en negativo. Así que ha sido escaneado y trabajado en Photoshop hasta llegar a la imagen actual.

Lo dicho. Este viernes se dará a conocer el veredicto del jurado y se hará una presentación digital de todas las fotos presentadas al concurso. Supongo que habrá correspondiente bebercio como acompañamiento a tan célebre ocasión.

Un besito a los que toman fotografías. Dos a quienes las comparten. =)

miércoles, 4 de junio de 2008

BRAZO DE SEÑORA POZOLERA

Mi primo Bola solía decir que le iba a quedar “brazo de señora pozolera” cuando hacía algún esfuerzo grande con un solo brazo. La señora pozolera es la que vende pozole y, curiosamente, suelen ser regordetas y con unos brazos, digamos, muy protuberantes.

El caso es que llevo desde el lunes con el brazo derecho así, debido al estreno de la Wii del sobrino de Juanjo, en Burgos. Un par de partidas al tennis me garantizaron las más grandes agujetas (no hay palabra que traduzca eso al mexicano. Se le llaman “agujetas” al dolor que se produce cuando haces mucho ejercicio) que he tenido nunca en el brazo derecho. Pesa como una tonelada y me impide hacer mis labores con normalidaT y, sobre todo, con diligencia.

Menos mal que el futbolito al final tuvo más éxito que la consola en cuestión. Al final parece que la tradición siempre vence a las nuevas tecnologías. Donde esté un futbolito que se quite todo lo demás. =)
Un besito a los que tienen futbolito. A los que tienen Wii ninguno, por díscolos y no invitar. >_<

domingo, 1 de junio de 2008

AMIGOS VERDADEROS




Como dejé entrever en mi anterior relato, mis nuevos amigos recorrieron un montón de kilómetros para verme y celebrar mi cumpleaños. Marbella, Málaga, Galicia, Murcia, Madrid y Santander se reunieron en Vitoria en un puente muy jugoso de mayo.

Para mí ya era un gran regalo que todos hicieran el esfuerzo de venir a pasar unos días juntos, pero los regalos fluyeron todo el fin de semana. La primera tarde, Nocturna me alegró la vida con un libro de cocina murciana. Pocas veces un regalo me ha hecho tanta ilusión y este año han sido todos como muy esmerados. Ya estrené el libro con unas sardinas al horno. Esa misma noche, en casa de Mer, picando un poco fluyeron otro par de regalos: un juego de cuchillos de buena casa, que también me hicieron brincar de gusto y que son obra y milagro de mi buen amigo Calavera, y una cadena de ovejitas que sirven para recoger unas cortinas que todavía no tenemos pero que algún día pondremos y que harán que Mer brille con luz propia.

Algunos con mucho aguante hicimos al día siguiente una visita a las obras de la
Catedral de Vitoria y por la noche hubo cena en un céntrico y tradicional restaurante. Y ahí fluyeron más regalos, esta vez grupales: un juego de cojines y un par de mantas a juego, todo de “mi color” (el morado y todas sus variantes). Y también un rebaño de ovejitas de la Botica de la Abuela.

Todos los regalos me hicieron muchísima ilusión. Pero más que por los regalos en sí, por la atención que todos pusieron al conseguirlos. Porque es evidente que me conocen y que no hicieron regalos por compromiso, sino por gusto. De verdad que da un gusto enorme ver tanto cariño y tanta atención.

De Santander llegaron unas pulseritas de cuero con perlitas para todas, pero reservaron la de “mi color” para mí (el resto se rifaron).
Hubo canciones, risas, problemas con mi súpergrifotérmico con el que más de alguno invirtió muchos minutos intentando averiguar cómo funciona, mucha comida… Pero, sobre todo, hubo mucho cariño y complicidad.


Y así estoy ahora llena de cosas que me recuerdan que gente de toda España me quiere y que todos ellos son capaces de viajar un montón de kilómetros nomás para celebrar un día que es importante para mí. Y entonces vivo en directo el verdadero sentido y significado de la amistad. Somos un grupo grande y todos tenemos nuestras vidas y estamos liados y ocupados. Pero estamos ahí y lo sabemos. Todos para todos. Cuando alguno está de bajón los otros salimos al quite para subirle un poco el ánimo.

Cada vez que nos reunimos nunca sabemos cuándo será la próxima vez, aunque siempre hay varias ideas pululando por el ambiente.

Pero esta última vez fue especial, no porque fue mi cumpleaños, sino porque fue la primera vez que estuvimos quienes verdaderamente formamos el grupo, sin “adicionales” y eso permitió que todos nos relajáramos y lo pasáramos verdaderamente bien.

Los vitorianos intentamos amenizar la velada de los visitantes llevándolos al nacimiento del Nervión. Hicimos un paseo-caminata hasta el balcón que hay ahí y estuvimos un rato reponiendo fuerzas para el regreso. Fue un día muy agradable que incluyó exploración en la zona que tiene un riachuelo con renacuajos y demás fauna local. Los niños asistentes lo pasaron realmente bien.

La despedida fue muy emotiva. Por supuesto, no queríamos separarnos y los primeros días después de que todo vuelve a la “normalidad” son más bien dolorosos. Siempre nos quedamos con ganas de más.

En fin. Esta vez nos demostramos que somos capaces de mantener las reuniones en secreto (cosa extremo difícil, dado que la mayor parte de nuestra relación es a través blogs y foros de Internet) y, sobre todo, comprobamos que somos un estupendo grupo de amigas. Somos afortunadas. Yo soy afortunada de haber tenido un cumpleaños digno de enmarcarse. Y, sobre todo, de ser parte de este genial grupo de loc@s.

Un besito a los que ya cumplieron años. A los que están por cumplir, 2.


martes, 29 de abril de 2008

CUMPLEAÑOS ¿SOLITARIO?


Las celebraciones en mi vida tienen un, digamos, pasado tormentoso. La primera celebración “gorda” que tuve fue mi primera comunión, con 8 años. Me compraron un vestido que me gustó un montón y mi madre me organizó un fiestón con piñatas y todo. Y yo invité a quienes consideraba mis mejores amigos de la escuela. Y no fue NINGUNO. La fiesta estaba llena de niños y gente que yo no había visto en mi vida, mis abuelos, mi hermano, mi madre y dos o tres de mis primos. Encima, que yo había querido y decidido que mi abuela cantara el Ave María y al final salió una torda de no sé dónde chingados y se puso a cantar, mientras yo me quedaba con ojos de angustia mirando a mi madre con cara de interrogación.

Esa fue la gran inauguración de lo que sería, a lo largo de mi vida, una cadena de celebraciones solitarias y fallidas. Porque hubo más cumpleaños. Alguno en el que me animé, de nuevo, a tirar la casa por la ventana. Invité un montón de gente, compré un montón de comida y al final sólo fueron 4 gatos. Gente de esa de “relleno”, que o se apuntó porque estaba ahí o que los invitaste “por compromiso”.

Tengo fotos de algún cumpleaños en el que sí que fueron mis queridos amigos, pero llegaron “por turnos”. Es decir, llegaban unos, se iban otros y así toda la tarde-noche.

Luego ya grande, en la carrera, tuve 3 ó 4 ceremonias “de reconocimiento”, por ser “mejor alumna”. O sea, por sacar buenas calificaciones. Eso implicaba casi todo 10. Y para mí eran verdaderos triunfos, porque fueron tiempos de mucho cinturón apretado (tenía dinero justo para gasolina y material escolar. No gastaba en otra cosa. El resto se me iba en pagar la colegiatura, que mantenía a duras penas con carga académica mínima y una beca del 30%) y de mucho trabajo y poco descanso. Había días en que me iba a la escuela a las 7 de la mañana y no volvía a casa hasta después de las 10 de la noche, muchas veces sin haber comido nada en todo el día (si no vuelves a casa y no tienes dinero más que para gasolina y material escolar, no te llega para comer por ahí, aunque sea unos tacos), y después de haber ido y vuelto de la uni a la estación de radio en la que trabajaba y viceversa. Pues las primeras “celebraciones” las pasé sola. Completamente sola. Ya sé que la celebración la lleva una por dentro y que el orgullo del trabajo bien hecho no te lo quita nadie. Pero es un agravio comparativo horrible que estás ahí en un auditorio lleno de gente y cuando mencionan a otros hay gente que aplaude y echa porras y cuando te nombran a ti se produce un silencio sepulcral, hasta que algún buen samaritano da el primer aplauso al ver que nadie te hace ningún caso y entonces el resto de la gente lo sigue por inercia, terminando así tu breve momento de gloria con una especie de diploma que terminará guardado en el cajón de los papeles que nunca usas…

Afortunadamente, la vida genera sus propios equilibrios. No todo fueron celebraciones fallidas. Aunque la mayoría quedaron en intentos frustrados, también se produjeron algunas muy memorables. Está aquel cumpleaños número 15; en México es “tradicional” que a las mujeres se les haga “Fiesta de 15 años”. Que es como una “presentación en sociedad” pero naca (hortera, pa’ los locales de “acá”). No importa cuánto dinero inviertas ni qué tan buen gusto tengas. Aquello siempre resulta una horterada: visten a la quinceañera en cuestión con un vestido que es una especie de intermedio entre el de la primera comunión y uno de boda, la ponen a ensayar durante meses un vals que habrá de “lucir” con un “ejército de chambelanes”, vestidos todos de “esmókin” y hacen un fiestón en un salón alquilado con músicos contratados, comida o cena de postín y todo el kit. Como si fuera una graduación o una boda, pero en versión cumpleaños. Y todos los tíos de la quinceañera se ponen hasta el gorro de borrachos y hacen el show al final con el mariachi que desquita el sueldo aguantando sus berridos, mientras las señoras, sus mujeres, aguantan estoicamente cayéndose de sueño y rogándoles que por favor se vayan ya a casa.

El caso es que mi madre, que siempre ha sido muy práctica y muy pragmática, anunció firmemente que yo no tendría semejante espectáculo, con lo cual yo me quedé tan en paz porque la verdad estaba de acuerdo. Para mí era un cumpleaños más. Y ni siquiera me molesté en organizar “algo pequeño”, dada mi experiencia anterior con las celebraciones.

Pero cuando en la secundaria mis compañeras y mis amigas fueron hablando de sus respectivas fiestas me preguntaron por la mía. Y les dije directamente que yo no tendría nada. Para mí no era ninguna tragedia, pero la mayoría de ellas era muy “tradicional”. El caso es que me organizaron un fiestón en casa de un compañero y me dijeron que nos juntábamos a hacer un trabajo. Una verdadera fiesta sorpresa. Y fueron casi todos mis compañeros. En su momento no lo asimilé muy bien. Es decir, no me cayó el veinte de que aquél fiestón genial era única y exclusivamente para mí hasta muchos años después. Y durante mucho tiempo mantuve la creencia de que si fueron todos fue porque la fiesta la organizó mi mejor amiga, que era muy popular y la más aplicada del salón. Y no porque fuera mi cumpleaños.

Luego la vida se encarga de decirte que no. Que si fueron todos fue porque de verdad querían celebrar tu cumpleaños y hacértelo pasar bien, y, tal vez, compensarte por esa madre desalmada que te dejó sin “gran celebración de quinceañera”.

Otra celebración especial fue la primera vez que volví a México, después de que me quedé a vivir en España. Mi mamá organizó “una taquiza” (también para celebrar mi cumpleaños): contrató a una señora que monta el chiringuito y sirve tacos a todo el mundo, como si fuera un “puesto”, pero sin tener que pagar. Y entonces tú te olvidas de todo. Muy práctico, la verdad. Y fue un montón de gente. Muchos amigos de mi madre de toda la vida con quienes llevo una relación cordial, algunos de mis primos y mi mejor amigo, que hizo circo, maroma y teatro, pero fue. Y estuvo un rato conmigo. Y fue una tarde muy agradable, relajada y feliz.

El caso es que, dada mi propensión a que mi organización de celebraciones terminara en NADA, dejé de celebrar mis cumpleaños. Después de la taquiza, los otros años he estado en España, casi siempre fuera de Vitoria. Juanjo siempre me lleva a algún lugar, aprovechando que es festivo en Álava. Y han sido buenos cumpleaños: un año estuvimos en Salou, en Port Aventura. Otros años hemos estado en Madrid, en una feria de seguridad informática a la que él suele ir y me lleva “de paquete” y alguna vez hemos ido al Warner. La verdad es que me gustan mucho esos parques y se pasa bien el cumpleaños ahí. Y se pasa bien el cumpleaños con Juanjo.

Este año ocurrió que a él le salió un asunto en Lisboa. Y le vi en los ojos verdadero interés de ir cuando me lo dijo. Así que le dije que no había problema, que se fuera. Que ya habría más cumpleaños para pasar juntos. En principio, para compensar me iba a ir a Alicante con una amiga. Pero al final cancelé esa misión y reorganicé mi plan; iría a comer por ahí y al cine, a ver una de esas películas a las que Juanjo no suele querer ir. Metí un libro para empezar en mi bolsa y emprendí la aventura del cumpleaños solitario. Nada más lejos de la realidad. Para empezar, el libro que elegí hablaba de los amigos que tienen los libros o de que ellos mismos representan un amigo para una persona. Y, ciertamente, el libro me hizo pasar un rato muy agradable mientras esperaba a que me trajeran mi hamburguesa y mientras me comía mi postre.

Cuando me metí al cine apagué el celular. Porque no estaba dispuesta a salir de la película si me llamaban (que seguro lo haría algún@, ya que era mi cumpleaños) y tampoco me iba a quedar a gusto si no contestaba. Así que lo mejor era no enterarme. Al salir tenía 4 mensajes de llamadas.

Al final, mi cumpleaños no fue solitario y fue genial. No hubo una gran fiesta, pero tuve un regalazo en un blog al que le tengo mucho cariño y mi hermano me hizo un diseño en flash especialmente para la ocasión que todavía me hace llorar cuando me acuerdo de él. Y jugué un rato con mi madre, que también tiene su encanto. =)

Y lo que todavía queda. Porque los amigos que he hecho aquí están compensando con creces lo que hicieron los amigos que no lo eran de mi infancia. Que se recorran muchos kilómetros para venir a celebrar conmigo tiene mucha cosa. Gracias, de verdad, a todos, por estar ahí. Soy muy afortunada.

Un gran beso,

Suza.

martes, 1 de abril de 2008

LOS PERIPLOS EN SOLITARIO



Durante mis juventudes, por necesidad, tuve que aventurarme y acostumbrarme a viajar sola. Era eso o quedarme sin ver mundo. Y la pata inquieta jala más que el miedo a viajar sola. Y aquello fue un gran descubrimiento; resulté ser una excelente compañía para mí misma y los viajes en solitario son una gran fuente para tener aventuras y conocer gente interesante.

Así viajé por Michoacán y fui al DF en donde conocí a un holandés al que le robaron la cartera en el metro y luego me hurgó todo lo hurgable, porque creyó que había sido yo la autora del hurto, y después se soltó llorando ¿?...

También así me quedé en España mientras mi familia se regresaba a México sin mí. Así me fui a Marbella y así me regresé a Vitoria, alcanzando los huesitos de quien ahora es mi marido.

Hoy he recordado todo eso porque tuve que ir a Bilbao a completar un trámite en el consulado. Para muchos ir y volver desde o hacia Bilbao supone una rutina de todos los días, ya que por estos lares es muy común que la gente viva en una ciudad y se desplace hacia otra todos los días para trabajar. Pero ese no ha sido mi caso. Así que he saboreado un montón el viaje. Sin embargo he de confesar que el disfrute de todos estos viajes solitarios seguramente no hubiera sido posible sin la tecnología actual del entretenimiento. Me refiero al Ipod, consolas portátiles y demás cacharrería.

A la ida fui disfrutando del paisaje con ovejitas y caseríos vascos en medio de las montañas mientras escuchaba la música que me gusta. Y me sentí contenta de vivir aquí y de haber tenido el valor de quedarme sola en un país extraño, sólo para perseguir mis sueños.

A la vuelta llovía mucho, así que saqué mi consola de juegos y me vine entretenida matando zombies primero y perdiendo juicios japoneses después (van dos veces que repito el maldito capítulo y no hay manera!!! Mi defendida siempre termina en el trullo!! –cárcel, pa’ los no ibéricos–). Y de pronto ya estaba de nuevo en Vitoria. Y qué gusto sentí de llegar. Me gusta vivir aquí!!! ^^

Un besito a quienes viven donde quieren. Dos a los que no han viajado nunca solos. Pa’ que sianimen!!!

miércoles, 26 de marzo de 2008

LA SATISFACCIÓN DEL TRABAJO BIEN HECHO

Ayer estuvimos de "recaus" por la tarde. Queremos poner una lavaplatos y una secadora en la cocina y eso es más complicado de lo que parece y suena. Primero fuimos a la fábrica en la que a Juanjo le instalaron los muebles de la cocina, allá por 1997. Nos atiende una mujer que nos pasa a un despacho. De entrada, la mujer nos aclara que nuestros muebles ya no existen. De hecho, más bien nos planteó la casi probabilidad de que tuviéramos que cambiar la cocina entera. Le explicamos lo que queremos, pero nos falta la medida exacta de un pilar que se interpone entre nuestras intenciones y nosotros. Así que nos manda a casa con la "tarea" de medir el dichoso pilar.

Al salir de ahí aprovechamos para ir a visitar a unos fontaneros que podrían hacernos la instalación de un tubo de cobre para cambiar la bombona de butano de sitio. Y ya que estamos en la faena, aproveché para llamar a mi amiga Mer, para ver si tenía un huequito para recibirnos en su changarro. Como siempre que voy es al salir de la escuela, para esperar a que Juanjo vaya por mí después del gimnasio, o para alegrarle el día porque antes de irme a la escuela leí que lo llevaba un poco triste, creyó que mis intenciones de visita eran "sociales". Así que me aclaró que tiene "mucho curro". Entonces yo le aclaré: "No, si es que te llevo más curro!!". Total que quedamos en vernos ahí en media hora. Y nos estuvimos toda la tarde comentando los detalles de la cocina. Diferencia del cielo a la Tierra entre ella y la que nos atendió en la fábrica. Para empezar, yo ya había notado que a Mer le fascina su trabajo. Se nota que se le ponen los colmillos largos cada vez que alguien le hace una consulta sobre decoración. Cuando estuvimos en Murcia fue ella la que se movió por toda la tienda con más soltura mientras iba eligiendo esto y aquello para el depa nuevo de Nocturna.

Pero no sólo le gusta su trabajo, sino que le gusta entender al cliente y cumplirle todos sus caprichos. Dentro de lo posible, claro. Y si alguna idea tuya no es viable te explica claramente por qué. Así que sales de ahí con la tranquilidad de que estás haciendo lo mejor posible con lo que tienes y, sobre todo, de que una vez terminado el trabajo no tendrás "novedades" o descubrimientos de que aquello no era tan bueno como te lo pintaban.

Tampoco nos puso aquella cara de "Uff!! Qué difícil" por tener que modificar los muebles que tenemos. Simplemente nos aportó las soluciones que puede haber. Nos creó un "expediente" en el que incluyó los "planos artesanales" que le llevamos y nos regaló una libretita muy mona en la que nos fue apuntando "los deberes" (apuntar medidas de la altura de las ventanas, de las bombonas de butano como las queremos poner, etc.).

Yo quise ir con ella porque es mi amiga y porque ya había visto lo que le gusta su trabajo. Pero vivirla así en primera persona es otro pedo. No es sólo todo lo que sabe de cocinas, sino que pone verdadero interés en uno como cliente y eso en estos tiempos de tanta frialdad mercantil se agradece un montón.


Esto no es un comercial. Pero si alguien quiere saber más puede hacerlo en
http://www.fogonestudiodecocina.com/

Un besito a los que tienen la fortuna de conocer gente estupenda. Dos para los que adolecen de ella y mis mayores deseos para que solucionen ese "problemilla" cuanto antes. =)

lunes, 24 de marzo de 2008

LOS PERRITOS DE MER






Es lo que he tenido en mente todas las vacaciones. Lo último de "vida normal" que hicimos fue ir a cenar a casa de mi querida amiga Mer. Ella ya había venido a mi casa varias veces, algunas a tomar café y alguna otra a cenar. Así que ahora quería hacernos de cenar ella misma. Y nos invitó el sábado previo a las vacaciones.

Cuando llegamos a su casa había un exquisito olor a ajo, proveniente de su horno, que cocinaba en su interior unas estupendas setas con jamón. Después nos puso una ensalada de berros y una carne que se deshacía como la mantequilla. La mejor carne que he comido en mucho tiempo. Además, perfectamente doradita por fuera, perfectamente cruda por dentro. Mer: eres una gran cocinera!!!

El caso es que al sentarnos a la mesa había ahí 3 perritos de plata. 3 perritos “salchicha” acomodados a un lado de la servilleta. Y mientras Juanjo jugaba con el suyo haciendo “guau, guau”, yo me preguntaba para qué servían aquellos perritos, ya que no daban trazas de ser servilleteros. Mer volvió de la cocina y nos vio jugando con los perritos, entonces nos explicó: “Me los dio mi madre. Son para poner el cuchillo, cuando ya lo has utilizado”…. AAAAAAAAaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhh!!! Es que si lo ves así, son muy útiles, sí… Porque el maldito cuchillo SIEMPRE se cae del plato cuando lo has puesto ahí en diagonal. Pero de los perritos no se cae, porque no son redondos. Así que nos compartió un gran invento que es poco conocido.

Después de eso empezaron las vacaciones, al inicio de las cuales yo estuve muy ocupada yendo a rehabilitación, al médico, de compras y haciendo preparativos en casa para las visitas que me venían. Y después con las visitas. Y alguna de mis amigas me llamó porque ya no me veía en línea, lo cual se agradece. Siempre es bonito que noten la ausencia de una, aunque sea a través de Internet. Estuvo aquí una amiga muy querida de Galicia. Aquella a la que conocí en el viaje a Punta Cana un fin de año. Vino con su esposo y los llevamos a San Sebastián, a Laguardia y estuvimos de gira por Vitoria, con visita a la Catedral y a la Muralla incluidas.

Ahora por delante queda la búsqueda de la instalación de lavaplatos y secadora en nuestra cocina, sacarme el carné de conducir (licencia de manejo en México) y la celebración multitudinaria de mi cumple aquí, en Vitoria, con muchos de mis seres queridos.

Al final, he extrañado un montón a mi amiga de todos los días. A Mer. Gracias por recibirme siempre en tu changarro.

Un besazo a los que tienen amigos de todos los días. A los que no, dos. =)

martes, 19 de febrero de 2008

NAVIDAD A LA CABEÑA. Parte 3 (O mi primer novela publicada)



LAS VACACIONES

Para empezar tengo que decir que mi hermano es un gran anfitrión. Después de recogernos en el aeropuerto, lo primero que hizo fue llevarnos a desayunar chilaquiles a un hotel en el que suelen desayunarlos. Juanjo y yo habíamos desayunado en el aeropuerto (yo probé las chimichangas, que son tortillas de harina rellenas de huevo revuelto con jamón y bañadas en salsa de aguacate. Muy buenas, sobre todo para ser de “Wing’s”, restaurante típico de los aeropuertos mexicanos, tipo Vip’s, pero más caro y con algo menos de calidad), así que nos limitamos a probar los que pidieron los demás. Estaban francamente buenos. Muy crujientes. Yumi!!!

Ese día nos preguntaron que qué queríamos comer y yo contesté al instante que tacos. Así que cuando se llegó la hora de la comida (como las 6 de la tarde) fuimos a una taquería. Carne, queso, salsas, limón, pepino, cebollitas… Y micheladas!!! La verdad es que no entiendo cómo puede vivir la gente sin micheladas. Deberían formar parte de los derechos humanos de todo el mundo!!!

El jet-lag se nota. Para las 7-8 de la noche ya estás que no te tienes en pie. Y luego a las 5 de la mañana los ojos como platos. Un día fuimos a la playa. Mi hermano tiene una hielera con ruedas, plegable y que tiene un montón de bolsitas. Una maravilla. Y no hemos podido encontrar una igual. Pues allá vamos a la playa en la cabroneta nueva de Pacho. Y un par de sombrillas. Suertudos que somos, cuando llegamos íbamos pasando junto a una de las palapas del final y los güeritos que estaban ahí le dijeron a mi hermano que ya se iban, y le ofrecieron dejarle la palapa. No es que la playa estuviera a reventar, pero había gente, sí.

Es una playa pública con baños y palapas. La verdad es que sí sorprende un poco ver una playa pública gratuita en un lugar tan finolis como Los Cabos. Pero supongo que eso también ayuda a mantener a “la plebe” fuera de los sitios “finos”. La verdad es que la playa esa está bastante bien.

Nos tomamos unas chelas, comimos Rancheritos y jícama con chile, tocamos el agua del mar con las patitas (estaba fría. Más o menos como la de las playas de Euskadi en verano. Nunca he metido las patitas en las playas vascas fuera del verano. Me gusta evitar la gangrena, gracias), Juanjo y Pacho tomaron un montón de fotos, yo saqué algunos retratos interesantes de Pacho y Paulina y alguno de mi madre y tuvimos un agradable día de playa en familia. Es francamente lamentable no poder tener más días de esos con ellos.



En otra ocasión hicimos una excursión que consiste en caminar en el fondo del mar (como a 5 ó 7 metros de la superficie) con unas escafandras. Yo nunca he buceado, así que la experiencia fue verdaderamente emocionante. Nos enfundamos en unos “wet suits” (en España “traje de buzo”) y empezamos a bajar por la escalerita de la plataforma. La entrada al agua fue bien hasta que la espalda entró en acción. Como el cierre del susodicho traje está por atrás, ahí no hay neopreno, de manera que el agua fría te llega de lleno por el centro de la espalda. Uuuuuuu!!! Uuuuuuuuu! Uuuuuuuu!! No hay manera de que la respiración no se corte con el agua fría. Pero como soy muy macha y tenía mucha emoción por la actividad, seguí bajando. Cuando el agua te llega a los hombros te colocan la escafandra encima. Entonces hay que seguir bajando. Llega un momento en el que una mano te toca el tobillo, señal de que has llegado al último escalón y tienes que pegar un saltito hacia la arena. Uno de los monitores te espera ahí abajo y te pregunta que si todo bien y le contestas que sí con esa cara-bobo que se te queda de estar ahí abajo respirando cual pececito con branquias.

Y el tour comienza cuando el último integrante de la tribu llega al punto de reunión. Ahí abajo tienen instaladas unas pasarelas, unos tubos a los cuales asirte para caminar sobre la arena, para lo cual antes te prestaron unos “crocks”, que es el nombre que tienen allá los suecos esos de plástico (que no es plástico sino polipropileno o una cosa de nombre parecido) con hoyitos y que hay de muchos colores.

Durante el recorrido te pasan pececitos por delante, por detrás y por todos lados. Hay un cofre del tesoro y una mesa con una banquita en la que te sientan y te toman una foto primero con una calavera (artificial) y luego con un erizo vivo; te lo ponen en la mano y te das cuenta de que el bicho respira porque al quitártelo lo hacen despacito, porque se te pega a la mano con sus ventosas. Te lo quitan y lo dejan ahí, sobre la mesa. Son los típicos muebles de jardín, esos de metal que pesan mucho y tienen muchos hoyitos.

Durante el recorrido, mi marido empezó a dar saltitos, y parecía astronauta en la luna. Así que yo lo seguí y tuve mi momento lunar también. La verdad es francamente divertido pegar aquellos saltos en cámara lenta. =)

Luego te prestan un asta que tiene las banderas de México y de Estados Unidos. Mi hermano hábilmente enrolló la de EU para que no saliera en la foto. =)

Al salir es difícil quitar la cara de niño con juguete nuevo que se te queda. Nos quitamos todos el traje, menos mi hermano, que se le atoró en los pies y tuvimos que ayudarlo. Tardaron un rato en volver por nosotros (estábamos en una plataforma y tenían que recogernos en lancha) y yo me estaba poniendo verde (del mareo, con tanto meneo. No sé cómo hacen los que tiene que estar ahí todo el día tratando con turistas.... Por fin llegó la lanchita de las pelotas y nos llevó al puerto, ese que está lleno de humildes lanchitas. Por cierto, que allá las de pescar se llaman “pangas”, como el pescado que se vende por aquí. Me pareció un dato curioso.

Bajamos de la lancha y nos fuimos a desayunar. Chilaquiles, por supuesto. El puerto ese de San Lucas es una cosa muy locochona. Es un centro comercial enorme, con hoteles, restaurantes de todos los pelajes, tiendas y, por supuesto, el atracadero para yates lanchitas y demás. Viendo esas cosas dan ganas de ser rico aunque sea por un día para saber lo que se siente tener un yate de esos y poder pasar una temporada ahí, con tanta tienda y tanto restaurante chido.

Los Cabos está formado por 2 ciudades: San José del Cabo, que es la parte tranquila y de trabajo de Los Cabos, y Cabo San Lucas, que es la parte turística y de recreo de Los Cabos. Están en la puntita de la península de Baja California, en Baja California Sur. Hay en este momento un gran auge inmobiliario ahí, tanto de terrenos como de grandes desarrollos turísticos y habitacionales. Hay ya instalados grandes hoteles como el RIU y algún Meliá, aparte de otros menos conocidos pero no por eso menos lujosos. Es en Los Cabos en donde vacacionan con frecuencia las grandes estrellas de jolibú, y la segunda ciudad más cara de México, después de Monterrey, me parece, según un estudio publicado recientemente.

El transporte público funciona con autobuses de desecho de los Estados Unidos que solían fungir de transporte escolar. Y van por ahí recogiendo pasaje urbano, algunos todavía pintados de amarillo y con los letreros de “School Bus”.

Una noche, mi hermano organizó una fogata en una playa semi-virgen para nosotros. Había estado “guardando” leña para la ocasión desde varios meses antes. Es una playa en la que no hay nada, aparte de un chiringuito a lo lejos que guarda la entrada a un conjunto residencial privado que todavía está en desarrollo. Ahí suelen ir mi hermano y sus amigos a pescar en la noche.

Llevamos una grabadora a la que le pudimos enchufar un Ipod vía transmisor de FM para amenizar la velada. Nos costó un webo encender la fogata. Apenas entre 4 que éramos estábamos 3 sosteniendo unos cartones para tapar el viento mientras mi hermano encendía papeles debajo de la madera. Cuando llegaron los amigos de mi hermano la fogata ya tenía bastante fuerza. Estuvimos toda la noche entretenidos en avivar el fuego, tomando cerveza y comiendo Rancheritos, Sabritones y Churrumáis. Al rato de haber llegado todos se apersonó un tipo del que ya nos habían hablado: un fulano que debe vivir por ahí (no se ve nada en más de 100 metros a la redonda, así que es un misterio dónde vive, pero debe hacerlo por ahí porque siempre que van éstos y hacen fogata va y se acerca a gorronear). Llegaron él y su perro y nos empezó a preguntar primero si queríamos un cigarro (ninguno de los que estábamos ahí fumamos) y luego nos empezó a preguntar si teníamos tequila. Me preguntó a mí y le dije que no sabía (me hice un poco wey). Luego les preguntó a los demás. El caso es que les preguntó si iban a pescar esa noche y aunque le dijeron que no alcanzó a ver la caña de mi hermano (que había llevado por si acaso). Se fue y volvió como a la hora con un poco de carnada y su perro. La verdad es que es una lástima de tipo, porque el chucho es de lo más agradable, simpático y educado.

El fulano estuvo un rato intentando pescar con la caña de mi hermano. No agarró nada. Al final nos fuimos y le dejamos la fogata…

Para la Navidad hicimos cena: El famoso consomé y mole, con su respectiva cebollita desflemada. Pero ese día andábamos en la calle, traíamos los horarios desajustados y vinimos comiendo como a las 5 ó 6 de la tarde. Así que, para la hora de la cena nadie tenía hambre. Y temprano a todos nos dio sueño. No cenamos. Decidimos abrir los regalos para irnos a dormir. Muy amenos todos, sí.

Para año nuevo la cosa ya fue mejor. Llegaron 2 de mis primos de Guadalajara, Miguel Armando y Laurita, aunque Laurita prefirió ir a celebrar con sus amigas. Pusimos la tele buscando campanadas, aunque fue difícil. Éramos casi los últimos del planeta en estrenar el año. En todos lados ya se habían comido las uvas. Afortunadamente, Paulina encontró un canal local y pudimos celebrarlo con los Cabeños.

Nos comimos las uvas, con muchos trabajos, como siempre (al menos a mí siempre se me terminan las campanadas a menos de la mitad de las uvas… =/ ), brindamos con cava y luego con vino. Y después cenamos un delicioso spaguetti con porcini que cocinó Paulina y que estaba delicioso (que no, cuñada. Que no te voy a pedir ningún favor. Que de verdad estaba de puta madre tu spaguetti. =) ).

Como a las 2 de la mañana yo ya no podía más y Juanjo tampoco. Así que le tocó a Pacho terminar de despedir a Miguel Armando. Al día siguiente teníamos que levantarnos más o menos temprano. Ya nos volvíamos a Vitoria. Y todavía teníamos que hacer las maletas.

El día 1 estrenamos el año empacando cosas. Salimos a tiempo de la casa de mi hermano y fuimos a su oficina, a recoger un CD que dejamos tostando el día anterior con música que me estaba pasando (y no, no somos delincuentes. Sólo somos buenos hermanos) y de ahí al aeropuerto. Facturamos las maletas y, como llegamos sin desayunar, buscamos el chiringuito con la cola más pequeña (parece mentira que hubiera tanta gente en ese aeropuerto tan pequeñito. Es casi tan pequeño como el de Vitoria.) y decidimos desayunar unos Hot Dogs bostonianos. Yo ya tenía el nudo en la garganta. Irte cuando no te quieres ir no mola nada. Y dejar a mi hermano siempre me ha costado un montón.

Cuesta dejarlo ahí parado, y dirigirse a la puerta de control… Hay que ser muy valiente y muy macha para hacer eso. Y luego para perder una hora ahí adentro. Encima no nos dejaron comprar lo que queríamos comprar, que porque nuestro vuelo no salía del país ¿?. De nada valió que les enseñáramos que íbamos a España…

Así que luego pasamos casi todo el tiempo en DF buscando lo que habíamos querido comprar en Los Cabos. Sangrita y unos labiales. La Sangrita la pudimos comprar en el aeropuerto del DF. Los labiales los tuve que comprar en el avión, porque en DF no manejaban esa marca ¿?.

Y así volvimos con la confirmación, una vez más, de que México es un país de lo más raro y locochón, pero tiene un encanto indiscutible. Luego en Madrid tuvimos que facturar la mochila de Juanjo, porque no nos permitían pasar las botellas de Sangrita que habíamos comprado. Una fulana de Iberia se puso a discutir con nosotros. Sugirió que queríamos pasar alcohol y que Juanjo estaba borracho. Yo le contesté muy encabronada que ni la Sangrita era alcohol, ni Juanjo había tomado gota de ídem. Y le pregunté que a qué venía toda esa acusación? Y entonces me dijo, con el tono que emplean los niños cuando imitan a los adultos, como con ironía o sarcasmo “Ay. Usted perdone!” WTF????

Estoy hasta la madre de los pinches gringos y sus paranoias y su economía de guerra y su lucha contra el terrorismo. Nos han convertido a los pasajeros de avión en vacas que no tienen ningún derecho a la dignidad ni al respeto, ni a transportar sus pertenencias con seguridad.

Porque en casa descubrí que me habían abierto las maletas. ¿¿¿Quién coño revisa las maletas sin la presencia de sus dueños y por qué nadie avisa de eso??? Luego te roban y nadie se hace responsable. Estoy harta de ir por el mundo en calidad de delincuente. ¿De qué sirve ser honrado, trabajador, colaborador, ecologista, responsable y respetuoso, si luego todo pichichi te va a tratar como si fueras delincuente comprobado, enjuiciado y sentenciado?

En fin. Si llegan a inventar el teletransportador no me va a dar ninguna pena que todos los empleados de las compañías aéreas se queden en la puta calle. De verdad… Menos ese azafato de Aeroméxico que nos trató tan bien. Pero seguro que a ese lo contratan en seguida en cualquier otra empresa.
Un besazo a todos los pasajeros que sufren el maltrato de los empleados y de las autoridades. Y a los empleados de las compañías aéreas, una patada en salva sea la parte. Por robarnos el dinero a los viajeros.