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domingo, 1 de junio de 2008

AMIGOS VERDADEROS




Como dejé entrever en mi anterior relato, mis nuevos amigos recorrieron un montón de kilómetros para verme y celebrar mi cumpleaños. Marbella, Málaga, Galicia, Murcia, Madrid y Santander se reunieron en Vitoria en un puente muy jugoso de mayo.

Para mí ya era un gran regalo que todos hicieran el esfuerzo de venir a pasar unos días juntos, pero los regalos fluyeron todo el fin de semana. La primera tarde, Nocturna me alegró la vida con un libro de cocina murciana. Pocas veces un regalo me ha hecho tanta ilusión y este año han sido todos como muy esmerados. Ya estrené el libro con unas sardinas al horno. Esa misma noche, en casa de Mer, picando un poco fluyeron otro par de regalos: un juego de cuchillos de buena casa, que también me hicieron brincar de gusto y que son obra y milagro de mi buen amigo Calavera, y una cadena de ovejitas que sirven para recoger unas cortinas que todavía no tenemos pero que algún día pondremos y que harán que Mer brille con luz propia.

Algunos con mucho aguante hicimos al día siguiente una visita a las obras de la
Catedral de Vitoria y por la noche hubo cena en un céntrico y tradicional restaurante. Y ahí fluyeron más regalos, esta vez grupales: un juego de cojines y un par de mantas a juego, todo de “mi color” (el morado y todas sus variantes). Y también un rebaño de ovejitas de la Botica de la Abuela.

Todos los regalos me hicieron muchísima ilusión. Pero más que por los regalos en sí, por la atención que todos pusieron al conseguirlos. Porque es evidente que me conocen y que no hicieron regalos por compromiso, sino por gusto. De verdad que da un gusto enorme ver tanto cariño y tanta atención.

De Santander llegaron unas pulseritas de cuero con perlitas para todas, pero reservaron la de “mi color” para mí (el resto se rifaron).
Hubo canciones, risas, problemas con mi súpergrifotérmico con el que más de alguno invirtió muchos minutos intentando averiguar cómo funciona, mucha comida… Pero, sobre todo, hubo mucho cariño y complicidad.


Y así estoy ahora llena de cosas que me recuerdan que gente de toda España me quiere y que todos ellos son capaces de viajar un montón de kilómetros nomás para celebrar un día que es importante para mí. Y entonces vivo en directo el verdadero sentido y significado de la amistad. Somos un grupo grande y todos tenemos nuestras vidas y estamos liados y ocupados. Pero estamos ahí y lo sabemos. Todos para todos. Cuando alguno está de bajón los otros salimos al quite para subirle un poco el ánimo.

Cada vez que nos reunimos nunca sabemos cuándo será la próxima vez, aunque siempre hay varias ideas pululando por el ambiente.

Pero esta última vez fue especial, no porque fue mi cumpleaños, sino porque fue la primera vez que estuvimos quienes verdaderamente formamos el grupo, sin “adicionales” y eso permitió que todos nos relajáramos y lo pasáramos verdaderamente bien.

Los vitorianos intentamos amenizar la velada de los visitantes llevándolos al nacimiento del Nervión. Hicimos un paseo-caminata hasta el balcón que hay ahí y estuvimos un rato reponiendo fuerzas para el regreso. Fue un día muy agradable que incluyó exploración en la zona que tiene un riachuelo con renacuajos y demás fauna local. Los niños asistentes lo pasaron realmente bien.

La despedida fue muy emotiva. Por supuesto, no queríamos separarnos y los primeros días después de que todo vuelve a la “normalidad” son más bien dolorosos. Siempre nos quedamos con ganas de más.

En fin. Esta vez nos demostramos que somos capaces de mantener las reuniones en secreto (cosa extremo difícil, dado que la mayor parte de nuestra relación es a través blogs y foros de Internet) y, sobre todo, comprobamos que somos un estupendo grupo de amigas. Somos afortunadas. Yo soy afortunada de haber tenido un cumpleaños digno de enmarcarse. Y, sobre todo, de ser parte de este genial grupo de loc@s.

Un besito a los que ya cumplieron años. A los que están por cumplir, 2.