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martes, 25 de noviembre de 2008

APROBÉÉÉÉÉÉÉÉ!!!! =)


Por los pelos, pero aprobé. Y ahora que lo he hecho no entiendo cómo es que tanta gente se saca el carné de conducir. Los examinadores son unos tiquismiquis y la gente que hace el examen apenas si saben controlar el vehículo, como para andar poniendo atención en tantas señales que se ponen aquí.

Tuve que madrugar porque tenía que estar a las 9 en mi primera clase de Escuela de Espalda. La verdad es que estuvo bien tener esa cita antes del examen, porque incluía sesión de relajación y me cayó bastante bien. Hoy nos conocimos todos los asistentes y, por lo visto, soy la que está menos peor, lo cual no es ningún consuelo. Y, cosas de la vida, me ha tocado hacer el curso con la mamá de uno de los amigos de Juanjo, que la operaron el año pasado y, por lo visto, no está muy bien. O, al menos hoy iba la pobre con el ánimo en los calcetines. Es la que peor está de todos y se mueve con mucha dificultad.

Lo chido de la sesión es que, por una vez, parece que se tiene plena libertad de hablar de los achaques sin que la tachen a una de hipocondriaca. Le comentaba a Juanjo que igual y estaría bien que hicieran una especie de "Alcohólicos anónimos" pero para gente que tiene este tipo de males. Poder ir a una sesión de desahogo siempre que tenga uno el día tonto o el ánimo en los calcetines con personas que te entienden y que no te juzgan, porque sufren lo mismo que tú. Pero me parece a mí que los males de espalda todavía se trivializan mucho, por más que abunden con contundencia entre la población en general.

El caso es que salí de mi sesión relajada, pese a que estuve más bien nerviosa toda la mañana por el tema del examen. Pero al menos conseguí relajarme durante el ratito que duró la sesión, y disfruté del cojín caliente que nos pusieron a todos durante la misma.

Sin embargo, pronto se fueron los efectos de la relajación. Se suponía que el examen empezaba a las 12 del día. Yo llegué al bar donde quedamos a las 11:45, porque estaba cerca de donde lo de la espalda. Y el coche de la autoescuela llegó después de las 12:30. Así que tuve más de 45 grandiosos minutos para cultivar mi nerviosismo, pese a que llevaba un libro para pasar el rato. Pero cuando tienes que estar al pendiente de si ha llegado un coche, tampoco se disfruta la lectura como se debe. No soy nerviosa como la mayoría de las personas, que les da un poco la histeria y se agobian. Yo noto que estoy nerviosa porque me dan muchas náuseas. Y tuve náuseas casi desde que me levanté en la mañana. Cuando llegó el coche ya me notaba yo casi temblando, lo cual es indicativo de que estaba yo verdaderamente nerviosa. No suelo ponerme nerviosa con los exámenes, pero tanto vas sabiendo de gente que reprueba por pendejaditas que, de tanto repasar todo lo que te ha dicho el instructor al final te queda la sensación de que en algo la vas a cagar.

Y no es difícil hacerlo. Me considero afortunada de que el tema "coche" lo tengo perfectamente dominado. Es decir, que cuando manejo el coche es como una extensión de mi cuerpo, lo hago de manera automática, lo que me permite dedicar el 95% de mi atención a las señales, los semáforos, los peatones, los otros coches y las instrucciones que me habían dado para el examen.

En el coche íbamos cuatro personas: Al volante el examinado, en el asiento del copiloto el instructor, que permanece callado durante todo el examen, a menos que el examinador indique otra cosa, y atrás van el otro examinado y el examinador. Y yo había quedado con el instructor ayer que, como tengo experiencia, no me importaba hacer el examen primero o después. Así que lo hice después. Y, por lo visto, la muchacha que lo hizo primero también iba muy nerviosa. Iba haciendo alto total en todos los "cedas" (ceda el paso), al grado de que el examinador la conminó a no hacerlo y le dijo que había que distinguir entre los cedas y los "estops". Luego la llevó por carretera, una regional pequeñita y casi sin tráfico. Pero ella no pasó de tercera y tampoco de 40 kms. por hora. Finalmente, para el estacionamiento no pudo meter reversa y se puso más nerviosa y al final el instructor tuvo que ayudarla a estacionarse.

Después de eso me tocó a mí. Y en la primer glorieta había un "estop" (stop. ¿Por qué no lo ponen en español?) que no vi, así que lo hice como si fuera un ceda. Eso es suficiente para que "te trinquen". Me salvó que el resto del recorrido lo hice impoluto y que para el estacionamiento elegí un lugar estrecho y metí el coche en dos movimientos. Como suelo hacerlo de normal. Al parecer, también contó que cedí el paso a unos peatones que, a primera vista, no se veían. Todo eso, sumado a los que ya habían trincado a lo largo de la mañana, me salvó el pellejo (por lo visto iba a quedar mal trincarme a mí también. A mi compañera no le aprobaron el examen). Eso y que el instructor le dijo al examinador que sí que había visto el stop, pero que me lo pasé como lo hace todo el mundo, sin detenerme por completo...

En fin. Te la hacen mucho de emoción. Cuando acabó el examen, el examinador nos pidió que bajáramos "un momento" del coche. Y claro, como es un momento, no atinas a decir que te abran la cajuela para sacar tu abrigo. Así que te quedas ahí, a la intemperie y con lo puesto. Con 3 grados de temperatura. Y de momento nada. Estuvimos ahí, como paletas Manhattan más de 5 minutos, mientras veíamos a través de la ventana trasera del coche discutir al examinador y al instructor. Un poco como la deliberación del jurado en las películas gringas, pero en pequeñito. Mi compañera ya se olía que no iba a aprobar. Yo esperaba hacerlo, pero seguía muy nerviosa.

Finalmente salieron del coche y lo primero que se escucha es, en boca del examinador "Bueno, fulanito, ya no te entretengo más". >_<

Pero no ves que tenemos escarcha en las pestañas, so cabrito!!! Y tú ahí, calientito dentro del coche, arreglando el mundo!!!

En fin. La noticia de que aprobé, aunque fuera por los pelos, me quitó todo el malestar del frío y demás. La otra pobre chica, bueno. Recibiendo instrucciones para proseguir con las clases. =/

Un besito para todos los que tienen licencia de manejo. Dos para los que la tienen que conseguir. Tres para los que tienen dolor de espalda.

jueves, 16 de octubre de 2008

LAS CUBANAS

Por preservar una identidad que me no parece necesario revelar, al tratarse de personas ajenas a mí, utilizaré pseudónimos para relatar esta historia. Digamos que la chica joven, menudita, se llama Sandra, y la otra cubana, cuya edad me es más difícil determinar porque es una mujer muy grande, se llama Lorena.

Lorena lleva poco tiempo en España. Se vino gracias a un contrato de trabajo que le hizo su hermana, quien tiene un bar en Llodio, y dejó a su niño de 4 años en Cuba. Lorena dice que casi nadie sabe dónde está Llodio. Que incluso conoció turistas españoles en Cuba y al decirles que venía a vivir a Llodio dijeron no saber en dónde está. Yo misma, sabía que está aquí cerca, pero no en dónde. Anoche Juanjo me aclaró que está más cerca de Bilbao que de Vitoria y que si vas a Bilbao por la autopista a Llodio ni lo ves.

Lorena tuvo una difícil adaptación sobre todo al principio. Dice que no hacía más que trabajar. Salían de casa a las 6 de la mañana para ir al bar a preparar los pintxos, porque lo abren a las 7:15. Cerraban un rato al mediodía y a las 6 de la tarde lo vuelven a abrir, hasta las 11 de la noche. Y así, día tras día. Y que ha sido muy duro por el cambio tan enorme comparado con la vida que llevaba en Cuba. Lorena allá era enfermera. Trabajaba en un hospital de 8 a 2 y tenía toda la tarde libre. Y, en general, sus días de trabajo eran de lo más tranquilos. Así que eso marcó un agobio importante al verse sometida a tan dura jornada diaria de trabajo.

Sandra coincidió con Lorena en eso. También relató que en Cuba llevaba una vida laboral más bien relajada. Sandrá también vino con un contrato de trabajo, pero para trabajar de "interna" en una casa. Tenía un novio que al final resultó ser un súper celoso enfermizo. La convenció de que usara la dirección que él tenía de correo electrónico para comunicarse con su familia en Cuba y, como es natural, él revisaba todos los mensajes que entraban y salían. Luego, empezó a echarle la bronca por un supuesto señor con el que ella tenía contacto en Cuba. Total, que un día la echó del piso y le dijo que sólo se podía llevar lo que había traído de cuba: una pequeña maletita y su bolso...

Al final, Sandra ha salido adelante. Tiene varios trabajos limpiando pisos y vive en un piso con otras dos mujeres: una francesa y una nigeriana. La nigeriana trabaja en un "club". Sí, es prostituta. Así que la ve muy poco, porque trabaja de noche y duerme casi todo el día. Dice que le debe 45 mil euros a su "chulo", a cuenta de haberla traído de Nigeria. A Sandra esa le parece una cantidad exagerada. Dice que tal vez la nigeriana se confunde al decirla en español, porque no lo habla muy bien.

Lorena está planeando su próximo viaje a Cuba. Aparentemente, tienen un tiempo límite para regresar antes de perder la nacionalidad cubana. Eso a mí me parece muy fuerte. No me hago a la idea de perder mi nacionalidad mexicana. Es como si mi país renegara de mí. ¿Y yo qué demonios le he hecho? ¿Abandonarlo a su suerte? Bueno, tampoco es que él últimamente se haya ocupado mucho de mí... Me parece que algunos países tienen un problema muy gordo de reciprocidad con su gente, y luego eso se convierte en un bucle interminable de círculos viciosos. Si yo pudiera, por supuesto que haría cosas por México. De hecho, si me hubiera visto obligada a volver eso es lo que hubiera hecho: luchar por mi país.

De lejos es un poco más difícil. Pero en parte por eso tengo este blog. Con suerte algún mexicano lo lea y agarre alguna buena idea para hacer mejor el día de alguna persona cercana, en lugar de poner todos sus empeños en actuar conforme su envidia, que lo impulsa a hacerle la vida de cuadritos a su compañero de trabajo porque lleva mejor vida que él, o porque gana más dinero haciendo menos cosas. O porque tiene una mujer buenorra y él no...

En fin. La situación de Cuba es muy distinta. Y las cubanas fueron muy agradables y cálidas, aunque no se hayan interesado en mí. Ojalá y les vaya bien en sus proyectos. Aunque en Cuba tenían una vida relativamente relajada, aquí han aprendido a trabajar y a luchar. Y a convivir con el frío.

Y me han regalado a mí una ventana indiscreta para asomarme un poco en el día a día de dos seres humanos anónimos, de esos que nadie conoce, de los que nadie habla y que a nadie interesan, excepto cuando cometen algún delito o cuando pasan a engrosar las estadísticas de la llamada "violencia de género".

Un día de trámites puede ser un gran día. La burocracia, sus filas y sus eternas esperas no siempre son tan malas. A veces te regalan un montón de pensamientos qué compartir con quienes quieran leerte. =)

Un besito para los que tienen que hacer trámites con largas filas. Dos a los que tienen todos sus papeles en regla. Y 3 a quienes no pueden pasar la Navidad con sus seres queridos. A mí, mi madre ya me regaló un día de trámites y su compañía en las próximas fiestas. Estoy más que cubierta. Gracias, mamá!!!

miércoles, 15 de octubre de 2008

EXTRANJERA ENTRE LOS EXTRANJEROS

Las leyes de reciprocidad entre países por lo visto han sido actualizadas y ahora los mexicanos ya no podemos cruzar el charco sin las agresiones que sufren el resto de los latinoamericanos. Ahora, para venir a España, nos obligan a presentar, entre otras cosas como comprobantes de los medios de vida y solvencia económica, las reservas de hotel o, en su defecto, la invitación de quien nos va a proporcionar alojamiento.

Y la invitación de las pelotas no es un papel cualquiera, no. Para hacerla es necesario presentar copia del pasaporte, del padrón familiar, de las escrituras de la vivienda o del contrato de renta, y comprobar los medios de vida. Y, además, copia del pasaporte del "invitado". Poco les falta para pedir un análisis coprológico y un cultivo de orina...

El caso es que hoy estuve tempranito en la delegación de la Policía. Había ahí ya como una veintena de extranjeros, la mayoría árabes o negros. Al llegar yo, la fila no estaba como muy definida, así que pregunté por el último. Y el último era una chica joven, cubana. Después de mí llegó otra mujer, también cubana. Hicimos buenas migas las 3. Pero ellas más. La segunda mujer se olió que la chica era cubana y por eso le sacó conversación. Y lo dijo así. Y la plática entre ellas fluía animadamente. Algún comentario hice yo, y se rieron. Pero a mí ni me preguntaron mi nombre ni me pidieron mi teléfono. Y el enterarse de que no trabajo yo creo que fue ya el acabose del empesose.

Al principio ellas empezaron a hacer recuento de los cubanos que cada una conoce que están aquí. Y a mí, cuando algún local me conoce, en seguida me quiere presentar al resto de mexicanos que conoce y que viven aquí. A lo mejor es que soy rara, pero si ya era yo incompatible con los mexicanos en mi propia tierra, ¿qué me hace pensar que aquí me voy a llevar mejor con ellos? NADA. Es por eso que no suelo andar buscando mexicanos, ni intentar contactar con ellos...

Al final, me aceptan mejor los locales que los propios extranjeros, sean del país que sean. Lo más curioso de todo es que volví a casa con una sensación de agobio y de tristeza muy honda. Creo que envolverme del ambiente de precariedad que reina en la condición extranjera no me hace ningún bien. Esa lucha constante por la supervivencia, por enviar dinero a los tuyos, por sobreponerse cada día al sacrificio de no ver a los tuyos y de no ver el sol y de pasar frío... Volví a casa con el chaleco colgado de "no soy de aquí. Soy inferior y tengo que luchar". Con aquel chaleco que en algún momento de mi largo estatus de "sin papeles" me colgaba del alma y de la conciencia, a la vez que me hacía traidora e incompatible con quienes compartían mi condición, porque mis orígenes en un país extranjero no son los mismos, ni mis motivos, ni mis ilusiones, y tampoco mis sacrificios.

Mis sacrificios los hice ANTES de venir a España. Mi sacrificio era estar en un lugar en el que no tenía vida social porque era demasiado diferente de quienes ahí vivían. Era estar lejos del hombre y del país que añoraba. El sacrificio para mí, terminó cuando consolidé mi relación con quien ahora es mi marido, y cuando por fin me quedó claro que mi hogar está aquí. Y ese hacer las cosas al revés me convierte en extranjera entre los extranjeros. Y a veces hasta en mi propio país.

Es triste nacer en un país que no es el tuyo. Y no es que me avergüence de ser mexicana. Al contrario. Me siento afortunada de serlo, porque a pesar de todo es un país encantador, colorido, con mucho sentido del humor y, a su manera, con mucha humanidad. Eso me hace feliz y orgullosa. Pero durante 28 años me fue imposible convertirme en parte del entorno.

Y así como es triste nacer en un país que no es el tuyo, me siento afortunada de haber en contrado un huequito feliz para mí en el mundo. Aunque de vez en cuando, aunque sea por unos minutos, me vuelva a colocar el chaleco ese de mil toneladas que cargamos todos los extranjeros en algún momento dado.

Hoy he dejado de ser extranjera. Lo que nunca dejaré de ser es mexicana y eso me llena de tranquilidad. =)

Un besito a todos los extranjeros. Dos a quienes nos tratan bien. Y tres a quienes tienen que luchar un montón por sobrevivir.