viernes, 25 de enero de 2008

NAVIDAD A LA CABEÑA. Parte 2. (O mi primer novela publicada).

22 de diciembre, 4 am. No sé si por los nervios o por qué, me despierto y ya no consigo volver a dormir. A las 5 me levanto, me visto y me preparo para salir a las 6. Me alcancé a planchar el pelo y todo. A gusto, la verdad. Salimos a puntuales y llegamos al aeropuerto con buen tiempo, así que aprovechamos para emplasticar las maletas en uno de esos chiringuitos que hay, porque además tenía poca gente. Terminamos con ese asunto y nos dirigimos a facturación… 7 de la mañana en punto y una cola como de 3 kilómetros. 20 minutos después seguíamos en el mismo lugar, pero ya no éramos los últimos. Detrás de nosotros había como 30 personas más. El caso es que llegó la hora de embarque y nosotros seguíamos en la fila. Lo raro de todo es que la fila de los “Bussiness” también iba lenta. Normalmente terminan con la gente de ahí y ellos siguen atendiendo a los que vamos en “gallinero”. Pero ese día no. Ese día sólo atendieron a los finolis. Por fin nos dieron nuestra tarjeta de embarque y nos fuimos presurosos hacia la puerta correspondiente, sin haber desayunado, gracias a esas 3 horas maravillosas de cola.

Nos subimos al avión, pusimos las mochilas en los compartimentos respectivos y nos sentamos. Y los otros pasajeros hicieron lo mismo. Y el avión no se movía, no se movía, no se movía, como la canción de la hierba, pero al revés y sin sexo. Y nos empezamos a mosquear. ¿Por qué coño no se mueve esto, si estamos todos sentaditos? Y empezamos a interrogar al personal, que nos contestaba con evasivas o no nos hacían caso. Al final conseguimos averiguar que el avión “decidió” esperar a 20 personas que “habían tenido unos problemas en facturación”. O sea, que la inutilidad del personal de facturación aunada a la falta de previsión de los supervisores quienes, a diferencia de nosotros, no supieron o no quisieron darse cuenta de que una fila de semejante envergadura que no avanzaba iba a impedir que el avión estuviera listo a tiempo, hicieron que más de 300 tuviéramos que esperar a 20 que faltaban. Eso nos lo informaron, por lo bajito, como a la hora de estar sentaditos en nuestros lugares. Después de cabrearnos y de no recibir ninguna explicación del capitán por la megafonía, por fin habló el señor y se limitó a decir que lamentaba la demora y que a causa de la espera habíamos perdido “el slot” y que tendríamos que esperar a que nos dieran “uno nuevo”. Es decir, que perdimos nuestro turno de despegue en pista. Y recuperar el slot de las pelotas nos costó otra hora y media. 3 horas metidos en el avión antes de despegar para emprender un viaje de casi 13 horas. Y sin haber desayunado. El avión despegó a las 12 del día cuando tenía que haber despegado a las 9 de la mañana.

Y una vez que despegó, en lugar de traernos algo para comer, noooooo… Empiezan repartiendo las formas migratorias, esas que normalmente te dan como media hora ANTES de llegar al aeropuerto de destino. O sea, que vinimos DESAYUNANDO cerca de las 2 de la tarde. Y aquello ya era comida, por supuesto. Y en todo esto sólo UNO de los azafatos supo tranquilizarnos y nos trató como quienes pagamos su sueldo. El único hombre del personal a bordo que nos correspondía (en primera llevaban otro señor atendiendo) fue la única persona de TODOS CON LOS QUE TRATAMOS ESE DÍA y que trabajan para Aeroméxico que supo tratarnos con educación y con verdadera paciencia. Fue el único que se ganó su sueldo, esos más de 3000 euros que pagamos por ese viaje. El resto se limitaron a “cumplir”.

Porque cuando llegamos al aeropuerto de la Ciudad de México, casi 24 horas después de habernos levantado en Barcelona, al salir del avión había UN empleado de Aeroméxico en el mostrador que hay a la salida del gusano y aquello estaba abarrotado con quienes tenían conexión, como nosotros, y consiguieron salir antes del avión. Y detrás de la fila estaba otro empleado que nos informó que teníamos que dirigirnos a la puerta número 12, después de que le dijimos que habíamos perdido la conexión. Allá vamos corriendo a la puerta número 12 e hicimos OTRA fila ahí. Al llegar nuestro turno nos dicen que no, que tenemos que ir a la puerta número 19. Pero antes de eso había que pasar por migración. Así que OTRA fila de 1 hora en migración. Cuando llegamos, por fin, a la puerta 19 nos dicen que no, que hay que salir a los mostradores de facturación para que nos arreglen el problema. Así que salimos. Llegamos a los mostradores de Aeroméxico y cuando les informamos que no vamos a facturar maletas nos ponen en una fila que está siendo atendida solamente por 2 personas. Después de otra MEDIA HORA de espera en la fila me desespero y voy con una de las señoritas que atendían a los que sí traían maletas y le pregunto si no hay más personal que nos atienda. Me manda con “el supervisor” quien en tono muy altanero y desagradable me dice que ya nos irán atendiendo “poco a poco”. Eso terminó de encabronarme y ya furiosa le dije que precisamente ese era el problema. Que “poco a poco” nos habían traído dando vueltas por todo el maldito aeropuerto y que poco a poco esa era la cuarta fila que hacíamos desde que bajamos del avión y que poco a poco llevábamos más de 24 horas de dormir por culpa de su retraso y que lo que quería era que me atendieran mucho a mucho, que ya estaba harta de que ahí nadie se hace responsable por los incumplimientos de la empresa, a lo que el buen hombre y mal empleado me contestó que no iba a poner más gente a atender esa fila y que me tenía que aguantar tal cual.

Cuando por fin nos toca que nos atiendan yo todavía estaba encabronadísima. Empecé a quejarme con la “amable señorita” y ella me interrumpió diciéndome “pero si les habían arreglado un vuelo con Mexicana. ¿Por qué no lo tomaron?”
AAAAAAAAaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!! Pues porque nadie en su empresa se molestó en informarnos que nos habían arreglado un vuelo, porque nos han traído toda la tarde dando vueltas por todo el maldito aeropuerto, porque ustedes… La mujer me interrumpe de nuevo y me dice “¿quiere que le arregle su problema o no? Porque yo estoy aquí para arreglarle su problema.” Y le contesté que aparte de eso lo que quería era quejarme para ver si su compañía mejora en el servicio que dicen ofrecer y no ofrecen. Entonces, se mete, tarda allá como 10 minutos y sale con una hoja de reclamaciones que hay que enviar por correo (con franqueo pagado. Cuán amables son éstos de Aeroméxico)… DESDE MÉXICO. O sea, que tengo que perder todavía más de mi precioso tiempo de vacaciones redactando mi queja para que el dichoso papel salga desde el mismo país, sin garantía alguna de que mi queja será atendida o siquiera leída. Porque es evidente que en esa empresa a nadie le importa un bledo el pasaje. Bueno, en esa ni en ninguna otra. Porque los de Iberia tampoco se distinguen precisamente por su calidez y su accesibilidad para que uno ponga una reclamación.

Finalmente nos dice que ese día ya no hay vuelos a Los Cabos y que nos vamos al día siguiente en la mañana. Nos asigna un hotel y cuando le pregunto que qué pasa con nuestras maletas me dice “primero déjeme terminar”. Finalmente nos manda a otro lugar del aeropuerto a recogerlas, cuando ELLA quiso informarme de lo que yo le preguntaba, claro.

Total, que vamos para allá. Novedad: no había fila. Nos atendió un señor muy amable quien por radio habló con otra persona, salió, nos pidió que lo siguiéramos, habló con otro señor, le informó de lo nuestro y nos dijo que él nos daría las maletas. Lo seguimos hasta otra sección del aeropuerto y nos las dio. Nos dejó con los de aduanas, Juanjo le picó al botón de semáforo, nos tocó verde y nos dijeron “ya se pueden ir”.

Ahora, mochilas al hombro, porque en ese aeropuerto los carritos para las maletas sólo llegan hasta la sección en que la gente espera a sus “seres queridos” y a partir de ahí sólo hay “viene-vienes” a los que hay que darle una propina, misma que como no nos iba a pagar Aeroméxico no quisimos dar, así que teníamos que llevar las maletas con nuestras propias manos (menos mal que hace años que todas vienen con ruedas y que ninguna de ellas se ha roto), nos dirigimos hacia la puerta en la que estaría el transporte hacia el hotel…

El esfuerzo de seguir siendo persona

Llega por nosotros una furgoneta de cómo 9 plazas. Se llena y nos toca ir hasta atrás. El chófer maneja como si estuviera practicando para el París-Dakar, nos da saltitos como en la montaña rusa, se mete entre el tráfico con el poder que da el tamaño de su vehículo y finalmente nos deja sanos y salvos en el hotel. Un hotel que, dicho sea de paso, es infinitamente mejor que ese al que nos mandó Iberia la última vez que fuimos y que también perdimos la conexión por culpa de un retraso. Nos registran y nos dicen el horario de la cena.

Después de más de 24 horas despierto sólo puedes pensar en dormir. Pero también tenía hambre y una duchita no nos vendría nada mal. Y además había que hacer que Aeroméxico pagara todo lo posible por sus errores y su falta de buen trato hacia quienes hacemos posible su existencia. Así que después de dejar las maletas y alegrarnos con una habitación limpia y amplia y agradable, bajamos a cenar. Al ir hacia la mesa que nos habían asignado nos encontramos con la señora que estaba siendo atendida por “el supervisor” cuando yo fui con él a externar mi exabrupto y él me mandó tranquilamente a, como dicen aquí, tomar por culo. Nos preguntó si nos habían resuelto el problema a lo que contestamos que sí, y agradecimos el interés.

Una vez sentados nos informaron que Aeroméxico tenía “un menú especial”. Yo elegí la sopa azteca (que me encanta) y unas enchiladas suizas (que nunca he sabido por qué se llaman así, si en Suiza no hay enchiladas). Juanjo me preguntó si no quería una michelada, con lo que me brillaron los ojitos. Luego nos informaron que eso no entraba en “el menú de Aeroméxico”. De todos modos las pedimos.

Cuando nos trajeron la cuenta para que firmáramos, había un apartado para la propina. Juanjo preguntó si en la cuenta de Aeroméxico podíamos poner 20 mil pesos de propina (que vienen a ser como 1,500 euros), para que desquitara un poco la cosa.

El mesero tardó un poco en regresar con la tarjeta de Juanjo (por las micheladas) y él me ofreció que me fuera yo a la habitación y que él subiría después, lo cual acepté, porque ya me costaba mantener los párpados en la parte superior de mis ojillos.

Cuando Juanjo llegó a la habitación ya estaba yo a punto de meterme a bañar. La experiencia te confirma que después de una cosa de esas se duerme mejor si te has duchado antes. Y fue gracias a eso que conseguí convencer a mi cuerpo de que hiciera un último esfuerzo y me regalara la felicidad de dormir limpiecita. No recuerdo otra ocasión en mi vida en la que me haya tenido que meter a la ducha con tanto esfuerzo. Pero al final siempre vale la pena.

Como traes el jet-lag, te despiertas en la madrugada. Lo cual no me vino nada mal, porque así pude hacer todos mis rituales matutinos a gusto, incluido plancharme el cabello. Así que dejamos la habitación 5 minutos antes de las 7, limpitos, descansados y oliendo bonito.

Al bajar fuimos los primeros en llegar a la recepción. Habíamos apartado el transporte de las 7 la noche anterior. Nos registra el hombre y el mismo Bel-boy que nos llevó las maletas la noche anterior, las sacó esa mañana. Menudo turno más largo tiene el pobre hombre. El recepcionisto nos indicó que nos sentáramos en los sofás que estaban del otro lado del mostrador. A los pocos minutos aparecieron unos güeritos de extranjia y luego más personas. Cuando llegó el transporte, como 10 ó 15 minutos tarde, había ahí más gente que la que cabía en la cabroneta. Y a punto estuvieron de bajar a los güeritos, que habían llegado justo después que nosotros. Luego otra señora alegaba que nosotros habíamos llegado al último. No sé si es que el recepcionisto no sabe contar personas o qué. ¿Por qué metió ahí más gente de la que cabe? Al final, todos retacados, un muchacho sentado en las piernas de su hermana, etc.

Llegamos al aeropuerto, ahora sí a facturar maletas. Y, sin que nos demos cuenta, la torda que nos atendió va y les pone a nuestras maletas una etiqueta que decía que “probablemente tenían que pasar la aduana”. ¿¿¿Otra vez??? Pues sí. Eso lo vimos al llegar a Los Cabos, que fue un hombre hasta donde estábamos nosotros y nos dijo que como nuestras maletas traían esa etiqueta, tenían que revisarlas. En fin. Afortunadamente no nos la hizo tanto de tos. Sólo hizo la faramalla de revisar una y al resto las dejó estar.
Cuando por fin salimos y vimos a mi madre, mi hermano y mi cuñada, casi no me lo podía creer. Alguien podría decir que lo más bonito de llegar al fin es verlos a ellos. Pero en realidad, lo más bonito es verles la cara de contento que se les pone al verte. Cuando quieres tanto a alguien, ver esa alegría en sus ojos al verte es el regalo de Navidad más gordo, grande y precioso que se puede tener. Y la envoltura de ese regalo es toda la novela que acabo de escribir.

...CONTINUARÁ

lunes, 21 de enero de 2008

NAVIDAD A LA CABEÑA. Parte 1. (O mi primer novela publicada)

Ya sé que es un poco tarde para andar publicando esto, pero dada mi lentitud del último año para publicar cosas en este antro, supongo que nadie le tomará por sorpresa. Al final, lo bueno es que les cuelgo algo para leer, no? Y al que no le guste, pos que no lea, que para eso inventaron la tele. =P

Introducción.
En mi familia nunca ha existido la “obligatoriedad” para ninguna fiesta. Mi madre no es de las que se agüitan porque alguien no está en Navidad o porque alguien no le llama en su cumpleaños (aunque siempre le hemos llamado). Probablemente en parte por eso las navidades en mi familia siempre fueron agradables.

Cuando yo era niña había un ritual: mi abuela hacía consomé y ocasionalmente buñuelos. Pero lo imperdonable siempre era el consomé. Y nunca faltó. Alguna vez hubo pavo relleno y otras cosas. Pero siempre consomé. Cuando ella se fue a vivir con mi tía por ser demasiado viejita y estar sola, en seguida retomé yo la responsabilidad del consomé y se siguió haciendo en casa de mi madre. Y allá iban mis primos, algunos que antes no solían ir, a tomar consomé. Y de paso a vernos. =P

Pero hace ya 5 años y medio que estoy en España y mi hermano lleva ya más de 2 en Los Cabos (mi familia es de Guadalajara). Así que ahora, cuando no podemos estar juntos en Navidad, cada uno hace su propio consomé. Ya conseguí instituirlo en casa de mis suegros y este año, como no estuvimos, se hicieron “un caldito” de esos de sobre…

El caso es que al final la Navidad es un buen pretexto para juntarnos todos y comer bien durante unos días. Lo especial del asunto es pasar un tiempo juntos, porque nos queremos, nos extrañamos y lo pasamos muy bien. Somos todos muy compatibles. Pero para conseguir esa simple cosa hay que hacer muchos esfuerzos, empezando por pagar más de mil euros por cabeza que cuesta cruzar el charco, y continuando con hacer un viaje laaaaargo laaaaargo, en el que quienes proporcionan el servicio de llevarte con los tuyos te dejan encuerado y en la calle cuando las cosas se tuercen. Lo de viajar en avión ya no es lo que era y ha perdido por completo su glamour.

Aviones o camiones de redilas?
Los que viajamos en avión ya no somos “pasajeros”. Ahora, entre el negocio de la guerra de los gringos y sus paranoias, y la cada vez más extendida práctica de las empresas de aviación de tratar a sus clientes como si fuéramos reos en lugar de civiles, hemos pasado del estatus de “pasajero de aviación” a “vaca en camión de redilas”.

Pero empecemos por el principio. Vivir en una ciudad pequeña tiene sus ventajas y sus desventajas, como todo. La ventaja, que todo está cerca. La desventaja, que hay cosas que no tiene, como un billar decente que tenga mesas que no sean de monedas, y vuelos regulares a Madrid. Eso nos obliga a ir a Bilbao. Así que hay que pagar entre 80 y 90 eurazos para ir en taxi, porque ir en el coche y dejarlo guardado en el aeropuerto te sale casi en lo mismo. Así que ya de pagar, al menos que sea otro el que conduzca.

21 de diciembre. 5:30 pm. El chaval que nos mandó un amigou con el que concertamos el viaje (ventajas de tener un amigo taxista que se dedica a dar servicio a algunas empresas) está afuera de casa puntual, con su camionetón (aquí furgoneta. Allá cabroneta) en el que caben muy a gusto todas nuestras maletas. Llevamos 3 de buena envergadura y 2 mochilas como equipaje de mano.

Después de un trayecto sin incidentes y sin apenas tráfico llegamos a Loiu, que es donde está el aeropuerto bilbaíno. Bajamos las maletas y nos dirigimos a facturación, con bastante tranquilidad. Llevamos buen tiempo. Facturamos las maletas y nos tomamos en un bar del aeropuerto yo un jugo de naranja y Juanjo un café, todo a precio de aeropuerto. Se llega la hora del abordaje (Sandokan al abordajeeeeeeeeeee!!! San quiéééééééééénnnnnnn???) y nos dirigimos hacia la puerta que nos corresponde. El de Loiu es un aeropuerto con mucho diseño, pero con muy poco lugar para sentarse. Hay varios jóvenes sentados en el suelo con cara de “me muero de aburrimiento”.

Al subir al avión se aprecia que no es un foker, sino uno con turbinas. Un poco más grande, pero con mala compresión. Sufrí tanto al despegue como al aterrizaje el horrible dolor de oídos que da cuando el avión tiene ese fallo. Pero llegamos con bien a Barcelona. Salimos al área de taxis y parecen un ejército de abejitas. Hay un señor agilizando la fila que nos indica que es nuestro turno. El taxista agarra y nos abre la cajuela, le ayuda a Juanjo a subir las maletas (a mí no me dejan, por mi problema de ciática) y ya que estamos todos arriba del taxi agarra y dice –Oiga, que hay una tarifa fija para salir del aeropuerto. A dónde van?– Al Ibis Cornellá, respondió mi marido. –Ah, pues vamos a ver, msnlksjld, son dos y llevamos una, saldrá como en 20 euros… (silencio). Y el hombre agarra y dice –Entonces?– Y nosotros: ¿Entonces qué? –Que si los llevo. Que luego al llegar la gente se mosquea porque les cobro diferente a lo que marca el taxímetro!– Y Juanjo, sí, sí. Que vamos!!

Yo ya no dije nada, pero la verdad es que me quedé bastante mosca. Si hay “una tarifa especial” por qué no hay un cartel que lo indique? O por qué el güey que agiliza la cola de los taxitomantes en el aeropuerto no lo dice? Y por qué el taxista, con la mala leche que tiene encima, se espera a que estemos todos arriba del taxi, maletas incluidas, para “informarnos” de la “situación”? Porque vaya si tenía mala leche!! El camino al hotel fue de lo más folklórico. Pitándole a alguno que va lento, gritando pestes al que se atraviesa… Es ahí en donde se nota la diferencia entre una gran ciudad, como Barcelona, y una pequeña, como Vitoria. Llegamos a una glorieta y el hombre dice –¿Y dónde coño está el hotel? Yo pensé que estaba aquí!!– Y entonces, en ese momento (y no antes) agarra y pone el GPS que lleva activado en catalán (como marca la norma… supongo). Cuando termina de marcar la ruta el cacharro yo veo un cartel que está JUNTO A NOSOTROS que indica que “Hotel Ibis pa’llá =>”. Y se lo informo al taxista. Pero nada. Ni puto caso. El hombre agarra y dice –Que no, que no. Que ya me dirá el cacharro por donde…–. Pues nada. Que agarra y da la vuelta a la glorieta, despacito, porque no tiene como muy claras las instrucciones de la vocecilla en catalán (será que no lo entiende del todo??? =P) y entonces un güey que va pasando le pita y el hombre ni tardo ni perezoso grita –Anda y vete a la mierda, so capullo!!!–. Pues nada. Que el coñogpscatalán nos lleva por una zona industrial que a esas horas de la noche está como muy desierta y con gran elegancia y todavía en catalán nos indica que hemos llegado a nuestro destino. Y el taxista –¿pero cómo que ya hemos llegado? Si aquí no hay nada!!!– Total, se da la vuelta en “u” y volvimos por donde llegamos. Cruzamos la calle por la que veníamos y seguimos derecho. Total que al final dimos con el susodicho hotel, que está más bien escondidillo. Pero está.

Al llegar al hotel el güey agarra y dice –Ahora vuelvo, que tengo que arreglar un asuntillo allá adentro–. Bonita manera de hacerse güey para no ayudarnos con las maletas, encima que cobra por bulto el muy cabrón. Eeeeen fin.

Nos recibe un hotel amable y limpio, con una calefacción tan potente que hasta yo me empecé a agobiar. Menos mal que sólo era en los pasillos. La temperatura de la habitación era más agradable. Dejamos las maletas ahí y bajamos a cenar. Nos quedaba como media hora antes de que cerraran el changarro cenil. Había un “menú del día”. Elegí el gazpacho y el spaguetti con setas y mi marido pidió “otro de lo mismo”. El gazpacho como muy rojo y aunque no era el mejor que me he comido estaba bueno. Pero cuando me trajeron el spaguetti… INGUEASURACIÓNPARACAMIONEROGORDO!!!! Aquello era como para una semana. Señorita, disculpe. Verá usted. Es que yo soy mortal… Y el de Juanjo, pues otro de lo mismo, como él bien había dicho. Con un spaguetti comíamos los dos y nos sobraba!!!

Y como dicen en la tele cuando te dejan con las ganas: CONTINUARÁ...

jueves, 13 de diciembre de 2007

LOS PALABROS Y LA RAE

En México fue todo un acontecimiento cuando anunciaron que la RAE había aceptado la "chingada" dentro del vocabulario oficial de la lengua española. Y no sólo por el hecho de haberse convertido en "palabra oficial", sino porque, por una vez, fue pronunciada con toda impunidad, respeto y justificación en gran parte de los medios electrónicos del país, cosa que no sucede habitualmente. En México, la gente es "muy propia" para hablar ante el gran público electrónico.

Sin embargo, en España la cosa es muy distinta. Aquí, para empezar, está el gran peso de la censura que este país vivió durante el franquismo y que ha generado una gran rebeldía general que todavía se respira en el aire. Por lo tanto, abundan, sobre todo en la televisión, los "entes" que se explayan a pierna suelta con cuanta majadería tienen a su alcance, casi siempre en aras de "la libertad de expresión". El caso es que con este boom de famosos que hay y con aquello de que ahora cualquiera que salga en la tele es "periodista", en España se cometen infinidad de abusos del idioma, como son el uso indiscriminado de los tiempos compuestos (Ejemplo: "el miércoles pasado ha estallado una bomba"), o eso que se conoce como "laísmo" (Ejemplo: "Yo no la mentí", "él la pegó" -refiriéndose a una mujer y no a una calcomanía en un cuaderno-).

Pero no sólo en las tertulias y noticieros se encuentra uno con esas cosas. También los doblajes y series de televisión de origen angloparlante están llenos de "peculiaridades". Para empezar, resulta que la palabra "sponsor" sí existe en el diccionario de la RAE, aunque tiene su equivalencia en castellano (manda webos que no sólo aceptar el palabro, sino además aceptarlo escrito igual que en inglés y no ponerle una "e", cuando encima aquí a todo se la ponen: "esrrek", refiriéndose a Shrek, y "esrrí Lanka", reifiriéndose a Sri Lanka, por poner un par de ejemplos) que es patrocinador. Curiosamente, hoy que he buscado la referencia me encuentro una anotación que indica que el palabro está propuesto para ser suprimido. Si lo he entendido bien, doy mi enhorabuena a la Academia. Y si no, pues que alguien me lo explique, por favor.

Otra peculiaridad de la RAE es la palabra "iceberg", aunque de ésta no reniego ya que no me sé ni me he podido inventar ningún sinónimo en español. Me suena mal, pero creo que sí que es necesaria al no tener una equivalencia.

Volviendo a los vicios esparcidos entre el público televidente, con frecuencia me encuentro con horrores de traducción en las series, mismos que son detectables con un poco que sepas de inglés. Recientemente, en un capítulo de "Medium" soltaron la perlota de "es que a tu madre le gusta procrastinar". O_O

Sí, la he buscado. Y resulta que existe. O que está aceptada, vamos. No les basta con posponer o aplazar. Tenemos que importar extranjerismos bárbaros y decir que son oficiales. Para que los "periodistas" y periodistos de la tele no sean tachados de improfesionales. Ya puestos a inventarnos palabros, pues a mí me gusta la actividad, oye. Y me voy a hacer escritora famosa y de culto para, como el señor Pérez-Reverte, quien dicho sea de paso, goza de todo mi respeto y admiración, ganarme un tronito en la Real Academia y proponer mi primera creación: Despetalar. Me la inventé cuando era niña y es hora que no la han incluído en el diTSionario. Que yo también quiero hacer aportacioneeeeeeeeeeess!!! Y, además, las mías son originales!!! Yo no me las copio de los gringouuuuuuuuussssssssss!!!

Un besito a los que inventan palabras. A los que no, si las investigan, les corresponden 2. Y si no, pues les correspondería leer otras cosas de menor envergadura, digo yo...

martes, 23 de octubre de 2007

DE ENCUENTROS Y PUCHUNGUITOS

Cuando te avientas a conocer gente por Internet puede pasar una de tres cosas:

A) Que aquello sea un completo fracaso
B) Que no vaya tan mal, pero que al final se pierda con el paso del tiempo
C) Que sea maravilloso y salga por lo menos una buena amistad

En mi caso, aunque el filtro ha dejado fuera gran cantidad de personas que pasaron sin ruido por el historial de mi experiencia internauta, la verdad es que al final el saldo es positivo. El último capítulo se desarrolló en Madrid, el fin de semana pasado. En algún lugar de la red hemos coincidido un grupo de loquillas, guapetonas y simpáticas, que nos dejamos llevar por la espontaneidad y acudimos al llamado de alguna que tuvo que ir a Madrid, aprovechando que ahí vive el objeto de nuestra reunión internauta: Un ente que se hace llamar “Yoko” y al que le hemos construido un reducido, aunque avivado club de fans en un foro, que camina por la vida a la par que su blog.

En principio, la reunión madrileña se antojaba netamente femenina, menos el objeto de nuestro “fanismo” (por no llamarlo fanatismo, palabra que últimamente tiene una connotación más bien negativa). Pero yo, como buena mandilona, cuando me sugirieron que fuera, confesé que “no es onda dejar solo al puchunguito para ir a reunirme con un “grupo de desconocidas”, a lo que Yoko, con toda la asertividad (si me permiten el uso del palabro. En la RAE me dicen que “no lo han inventado”) del mundo contestó “pues tráete al puchunguito”.

Así que le comenté los planes a mi susodicho y en lugar de poner pegas, en seguida dijo “si quieres ir…”. Le aclaré que no iría sin él y que ya alguien había sugerido que lo llevara. Entonces simplemente me confirmó que buscara hotel. No conozco muchos matrimonios, pero no tengo registrado ningún otro marido que en seguida acceda a una movida de esta índole. Y su buen tino fue más allá, ya que lo pasamos realmente bien.

La primera a la que conocí fue a MER, que vive en la misma ciudad que yo y nos animamos a tomarnos un café antes del encuentro en Madrid. Fue una tarde muy agradable llena de desahogos y de empatía, que nos dejó con ganas de más. Y fue ella la culpable de todo el movimiento hacia la capital, dado que tenía que estar ahí ese fin de semana por motivos de trabajo. Al resto del grupo lo conocimos tó junto, en un restaurante estilo americano (gringo, que diría yo, ya que “América” es un continente y no un país): Ahí estaban Lydia, una simpática y desinhibida mujer marbellí con un par de ovarios bien plantados para hacerle frente a lo que haga falta con todo el humor y el amor del mundo; Nocturna, con unos ojazos azules y una sonrisa capaz de desarmar al más insensible, me hizo reír como en mis buenos tiempos durante todo el fin de semana con todas esas anécdotas que cuenta de su trabajo. En verdad da gusto encontrarse a alguien tan afín con su profesión; Gallega, que nos había cambiado el look y se presentó con un bonito cabello dorado y unos ojazos verdes. Chica reservada con un gran corazón y una cálida sonrisa.

Todas ellas convivieron más por estar hospedadas juntas en un piso que MER consiguió para la ocasión y al que yo no asistí por ir acompañada del puchunguito. La noche de cena americana continuó con un paseo hasta una cercana discoteca en donde estuvimos gran parte de la noche y en donde Yoko hizo gala de sus virtudes deductivas armando el rompecabezas de poner nombre a las caras que veía. No lo hizo del todo mal. Eso sí, se le notaba muy nervioso, dentro de la emoción que se veía tenía de por fin conocer a quienes ponemos el toque de acompañamiento a su blog.

Una discoteca no es el mejor sitio para ir a conocer a un internauta: hay mucho ruido y al final terminas con la garganta hecha pomada y la mitad de lo que se dijo en tu cerebro, mientras que la otra mitad se queda diluida entre el humo y el punchis-punchis. Pero esa noche era lo que había. Al final, la mitad de información que se quedó en nuestras cabezas fue buena y suficiente. No así el tiempo invertido en la experiencia, que tenía que haber sido mayor e incluir algún lugar más tranquilo.

En cualquier caso, contra todo pronóstico, parece que la estrellita del fin de semana al final fue el puchunguito, que arrasó con sus encantos y con su gran manejo de la tecnología.

Sin embargo, estrellitas o no, fans o colegas, lo más importante de todo esto es que lo pasamos estupendamente y que 5 mujeres conseguimos incrementar nuestra lista de buenas amigas a través de la red, sin precisamente proponérnoslo. Y todo gracias a Don Yoko, que nos ha mantenido cautivas en su blog durante varios meses. Así que, desde aquí, mi más sincero agradecimiento por tan grandote regalo y mis deseos de que su blog siga creando más y más clubes de fans, para que más personas consigan sacarle ese enorme provecho a la magna red que yo he conseguido obtener.

La moraleja de este cuento quedará inmortalizada en una camiseta que esparcirá por el mundo el sabio consejo de “ponga un puchunguito en su vida”. Y, con suerte, más gente se animará a tener encuentros de esta índole, y habrá más humanos felices en el planeta. Por lo pronto, Yoko y sus fans hemos conseguido quedarnos con un gran refugio en la red en el que ahora no sólo coincidimos en tiempo y en espacio, sino también en afinidad real y en proyectos de futuro. Con lo pequeño que es el mundo últimamente, no está de más tener más y mejores amigos.

jueves, 4 de octubre de 2007

TIEMPO DE RECONCILIACIONES

Conforme se avanza en la vida, se van arrastrando "puntos negros" en ciertos temas. En mi caso, mis puntos negros han sido principalmente dos: Las matemáticas y la entrevista. En el primer caso, todo iba bien hasta que pasé de un colegio con un nivel educativo muy bueno a una escuela pública que me chafó una de mis dos materias favoritas hasta ese momento para el resto de mi vida. Yo entré en aquella escuela sabiendo dividir perfectamente y por culpa de algún compañero metiche y quejica, que le dijo a la maestra que yo "no ponía la resta en la división", ella, muy inteligentemente, me obligó a ponerla. Con lo que retrocedí un paso. Y lo que vino después ya no supe hacerlo. Raíz cuadrada, las ecuaciones en la secundaria. Las matemáticas chafadas para el resto de mi vida.

Me he reconciliado un poco con ellas gracias al Brain Training (para quienes estén totalmente desconectados del mundo de los videojuegos, les diré que es un juego que Nintendo sacó para su consola portátil, la Nintendo DS, misma que me compré con el premio en metálico que gané el año pasado con uno de mis relatos). Sigo sin poder dividir grandes números y el otro día comproble que tampoco sé multiplicar con decimales. Pero al menos les he perdido un poco el miedo a los números y ahora me aviento a intentar hacer las operaciones a mano. Un avance, creo.

Mi otra reconciliación ha sido con la entrevista. El tema con ella es todavía más escabroso que el de las matemáticas, aunque, curiosamente, también involucra a un profesor. Estando yo en la carrera de Letras, en la Mugre G, elegí una materia optativa que en su momento me pareció interesante, útil y entretenida: Entrevista Literaria. Iba a decir "al final", pero en realidad fue "al principio", resultó ser nefasta en mi situación. O al menos fue la gota que colmó el vaso. En una carrera que en sus inicios estaba llena de profesores interesantes y sumamente profesionales, con un nivel intelectual bastante alto, hacia el final no había más que loosers advenedizos que no sólo no se molestaban en preparar sus clases, sino que tenían incluso la desfachatez, algunos, de ponerse el libro abierto sobre el escritorio y ponerse a leer textualmente lo que ahí decía, como si fuera un alumno mediocre haciendo una exposición, en lugar de dar una cátedra. Para leer, lo hago cómodamente en casa, junto a una buena taza de café, gracias.

El caso es que, estando yo ya bastante desencantada de la carrera, tanto por el nivel de los “pobresores” como por haber dejado atrás temas que me apasionaban, como la literatura clásica, la historia universal y las teorías literarias, a cambio de tratar mucho más con literatura prehispánica y latinoamericana, que no es que no soporte, pero tampoco es que me apasione del todo, con honrosas excepciones, me topo de frente y a lo bestia con este individuo nefasto llamado Emanuel Carballo (padre). Efectivamente. Ya que tiene un gran ego no le voy a negar el crédito en esta historia, a este noble señor. Estaría yo en su segunda clase, si mal no recuerdo, que encima había que tomar los sábados porque el tipo “no tenía tiempo de impartir su cátedra entre semana”, nos había hecho comprar su libro con un compendio de “entrevistas literarias” y comencé yo a hacerle preguntas, como buena preguntona descarada que soy. Se supone que para eso son las clases, no? Al menos eso creía yo. Le hice preguntas del tipo “¿Qué hacer cuando el entrevistado no quiere hablar de un tema? ¿Cómo hacer para que el entrevistado se sienta más en confianza y conseguir que hable de lo que uno quiere? ¿Cómo interpretar los silencios del entrevistado? ¿Cómo llevarlo hasta donde quieres que vaya?, etc.” Probablemente no son preguntas enfocadas estrictamente a la “entrevista LITERARIA”, pero creo que son problemas con los que te puedes topar con cualquier clase de entrevista que hagas. Y digo “creo” porque no lo comprobé; ese día, el pobresor aquel, el “gran” don Emamuel Caballo (tenía que ponerle algún apodo después de aquello) contestó a mis preguntas con una gran ética y, sobre todo, alto nivel diplomático. Delante de todo el grupo, me espetó: “Compañera, me está usted haciendo preguntas muy estúpidas y nos está haciendo perder el tiempo a todos. Le suplico que haga más inteligentes o se abstenga de preguntar del todo”. Pocas palabras se me han quedado grabadas de manera tan textual. Por un momento pensé en levantarme y salirme en aquel instante. Pero no quise rebajarme al nivel de patanería de don Emamuel y decidí callarme, esperar a que terminara la clase y no darle el gusto de saber que su patanería había colmado el vaso, mi vaso. Aquella fue la última vez que mis pies pisaron esa escuela para acudir a una clase. Dejé la carrera después de 3 dedicados años. Conforme pasaba el tiempo y hablaba con mis compañeros me di cuenta todavía más de la pérdida de tiempo que suponían los dos años que me faltaban para titularme.

Pues bien. Después de toda esta larga historia he de confesar alegremente que empiezo a reconciliarme con la entrevista a través de un libro que estoy leyendo: “Yo también sé jugarme la boca. Sabina: en carne viva”, de Joaquín Sabina y Javier Menéndez Flores. Claro que no es un gran ejemplo de entrevista, dado que el libro está hecho un poco al revés. Es decir, en este caso es el entrevistado, ora Joaquín Sabina, el que pide ser entrevistado a Javier Menéndez Flores en concreto. El libro al final es un gran pelotazo que podría describirse con una frase que han acuñado los gringos “sucking eachothers dicks”, aunque siempre se hace evidente que la estrellita marinera es Don Sabina.

Sin embargo, a pesar de tanto pelotazo, el libro no pierde calidad. Menéndez Flores siempre tiene la delicadeza de, a fuerza de notas a pie de página, poner al lector en contexto o explicar ciertas cosas que el lector no tiene por qué saber y que completan lo que va contando Sabina, con ese sentido del humor tan cáustico y oportuno que tiene. Y también se nota en cada pregunta y en cada intervención que Don Menéndez Flores se trabajó mucho la entrevista o que es un gran conocedor en el tema Sabina. Y es ahí a donde quería llegar. Don Menéndez Flores no me aclara cómo conducir a Don Sabina hasta dónde él quiere, porque más bien parece que es el propio Don Sabina el que va por donde le da la gana. Pero sí que muestra cómo se hace una gran entrevista en condiciones y, sobre todo, como se deconstruye para reconstruirla en un texto coherente, ameno y, sobre todo, bien estructurado.

Agradezco que aparentemente en el mundo hay más Javieres y menos Emamueles. Y agradezco a Don Menéndez Flores que, sin proponérselo, me ha reconciliado un poco con la entrevista. Es como mi Brain Training de la entrevista. =)

Desde aquí, un saludo a Don Sabina, que durante tanto tiempo me ha hecho pasar buenos ratos con su música y sus libros, y a Don Menéndez, que contribuye a esa noble causa.




viernes, 31 de agosto de 2007

EL REPOSO Y LOS HÉROES


En las películas con frecuencia se relatan casos o de enfermedades muy graves que se llevan con gran estoicismo y sentido del humor envidiables, o casos de lesiones que dificultan la movilidad del individuo que son superadas con largas sesiones de trabajo físico y soportando mucho dolor. Todos unos héroes. Lo que no es rentable para una narrativa visual es lo que padecemos la mayoría de las personas: lesiones para las que te recetan "reposo", que te "aparcan" durante largos periodos y que requieren principalmente de "paciencia".

Y no son rentables básicamente porque en reposo no hay "acción". Una persona en reposo se la pasa vegetando. El esfuerzo no se nota en lo absoluto, ya que el mayor esfuerzo se basa en la mencionada "paciencia" y en intentar mantener una dosis cuando menos aceptable de buen humor. Pero, sentada en un sillón, viendo la vida pasar, lo más emocionante que te puede ocurrir es que se te vaya la luz y, por ende, te veas obligada a suspender las pocas labores a las que puedes dedicarte que van, desde la costura, hasta participar en algún foro virtual o escribir un blog. Pero Doggie Houser sólo hubo uno y no tuvo un éxito precisamente abrumador.

Hace unos años me vi obligada a permanecer poco más de un mes sentada, a causa de unos espolones en los talones, y luego otros varios meses de caminata indispensable con dolor. Para una "pronta recuperación" lo que te recetan son antiinflamatorios, reposo y, en última instancia, fisioterapia. Después de muchos meses de movilidad limitada y reducida, consigues hacer una vida "relativamente normal", en la que hay que hacerse a la idea de que no volverás a tener aquellos paseos por el monte, ni podrás ir caminando al centro nunca más, pese a que la ciudad se presta para ello.

Una vez que consigues hacerte a la idea y aprendes a vivir con tu nueva "condición", comienzas a sentir un dolor en la espalda. Después de casi un año tomando relajantes musculares, analgésicos y cuarenta inyecciones de dolorosa vitamina B, por fin un suplente decide que es pertinente que te vea un traumatólogo, al vivir en constante dolor y con muchas dificultades para "estar". Pero claro, que te manten al traumatólogo es, por llamarle de manera elegante, "sólo el principio". Porque nadie te lo informa, pero después de que pasa más de una semana sin que te llamen para darte la cita, preguntas por todos lados y, con tirabuzón, consigues que te informen de que tardan "entre 1 y 2 meses" en llamarte.

Y para pasar esos meses (después de los muchos que llevas a cuestas con una movilidad reducida y dolorosa) te dicen que te tomes tus dosis de antiinflamatorios, relajantes musculares y analgésicos y que "hagas reposo".

Es decir, que en la vida real no puede haber héroes, porque ningún héroe se fragua "reposando". No hay manera de que te "esfuerces" por superar un dolor, hacer fisioterapia y rehabilitación para estar mejor. Tu mejor arma es el reposo y nadie se conmueve con quien permanece sentado, a menos que sea en una silla de ruedas porque no siente las piernas o no las tiene.

Mi caso no es trágico. Mi vida no está en peligro. Lo único que hago es pasar los días medio atontada y con fama de "aprehensiva", porque está visto que tener una salud limitada está prohibido en una sociedad llena de gente sin dolor. Y, en el ínter, puedes observar detenidamente cómo tus curvas se van haciendo más pronunciadas y tus carnes aumentan su potencia. Cosa, irónicamente, contraindicada para el mal que padeces y prácticamente para la totalidad de los males que padece la gente.

Y lo único que te queda, al final, es escribir un coñazo de entrada en un blog que dejaste abandonado ante un veladamente heróico intento de tener "un verano normal", fingiendo ante tus amigos que estás de puta madre y obviando las miradas de "ésta es una hipocondriaca" cuando algunos están presentes cuando el dolor comienza a hacerse más intenso.

Alguna vez estuve "sana", pero tenía depresión y, por lo tanto, ninguna gana de hacer nada. Lo que hacía, lo hacía "por obligación". Hace mucho que conseguí deshacerme de esa depresión y, ahora que tengo ganas de hacer un montón de cosas, tengo que limitar esas ganas a lo que pueda hacer sentada en un sillón. Y me considero afortunada de tener a mi disposición un "portátil" que me permite compartir mi poca heroicidad con quien decida leerme, entre otras cosas.

Desde mi sillón de los achaques, un beso a los que no sienten dolor. A los que lo sienten, ojalá y les llueva un portátil. ;o)

Suza.

miércoles, 25 de julio de 2007

LOS BENEFICIOS DE LA SGAE


Son las siglas de "Sociedad General de Autores y Editores" y ejercen en España, aunque tienen sus "equivalentes" en muchos otros países. Dicen tener más de 66 mil socios y defender la obra intelectual de los mismos. Hasta ahí, vamos bien. La cosa empieza a tener cojones cuando:

A) Cobran un "canon" en TODOS los CD's, DVD's y materiales de esa índole adquiridos de manera "legal" en España. Es decir, que si tú vas al Corte Inglés, Fnac o cualquier otro comercio debidamente acreditado y establecido y compras uno de esos materiales, pagas un "canon" que va a dar a la SGAE.

B) Cobran un "canon" en TODOS los CD's y DVD's vírgenes que se adquieran en el mismo tipo de comercios mencionados en el inciso A.

C) Cobran canon a los bares, restaurantes, discotecas y demás tugurios que tengan una televisión o estéreo con música para disfrute de sus clientes.

D) Cobran canon a las emisoras de radio por la música que emiten (cuando sin la radio, los que se dedican a la música caerían en picado, porque muy pocos se enterarían de lo que han producido).

Y, entre muchos otros cánones que seguramente me dejo sin mencionar, ahora pretenden cobrar canon también por la banda ancha para Internet, por las computadoras que se vendan, según la capacidad de memoria que contengan, etc.

Todo esto bajo la premisa de que "todos somos delincuentes en potencia". Es decir, que todas esas herramientas se usarán, PROBABLEMENTE para delinquir (o sea, para hacer copias ilegales y distribuirlas a mansalva por doquier y/o forrarnos a costillas del trabajo que otros, tan loablemente, hacen).

Desde aquí expongo que:

Por principios morales míos, no compro ningún material en el ámbito conocido como "top manta". Pero por principios todavía más fuertes, no compro NINGÚN MATERIAL tampoco en el ámbito legal de este país, porque ME NIENGO ROTUNDAMENTE a que la SGAE viva de las costillas del consumidor general, sin rendir cuentas a nadie y sin que nadie los fiscalice de manera alguna.

Porque, a todo esto, a mí no me consta que por ejemplo Sting, o U2, o Julieta Venegas o Maná sean socios de la SGAE y, ¿por qué cobran canon sobre todos los CD's y DVD's con material intelectual que se venden en España, si no todos son socios? Le pasan un dinero a todos ellos? A Elton Jhon? A Dolores O'Riordan? A Los Tigres del Norte? ¿Por qué castigan al consumidor legal con un canon sobre una obra que se está adquiriendo como marca la ley?

Por qué castigan al usuario habitual de fuentes de almacenamiento de información, cuando la mayoría los adquirimos con fines de uso privado, es decir, para almacenar datos que nosotros mismos generamos y, cuando en todo caso, la copia privada en España es legal?

Ya que todos somos "delincuentes en potencia", propongo que los sistemas de justicia y penitenciarios españoles cobren un "canon" a todos los nuevos bebés que se generen en este país, y a los nuevos ciudadanos que lleguen de otros países, porque como "todos somos delincuentes en potencia" no tenemos por qué sufragar los españoles (o quienes pagamos impuestos en este país) los gastos que generen todos esos delincuentes en temas de juicios y almacén penitenciario, digo yo. Y otro canon para la policía, que también participa en el combate a los delitos...

Lo peor es que aquí el problema no es tanto la SGAE como el sistema legal español, que permite la existencia de dichos cánones y esos cobros indiscriminados a quienes vivimos dentro de la legalidad. Pues ya lo he dicho. Gracias a la SGAE, no compro materiales con propiedad intelectual en este país. Aprovecho cuando vamos a México y los compro allá.

Que ya les vale. Yo también quiero un chiringuito de esos, no te digo???

viernes, 20 de julio de 2007

¿ES POSIBLE EDUCAR A UN PAÍS?

Dejo esta pregunta en el aire porque yo misma no sé la respuesta. En México, la gente está acostumbrada a ver a los gobernantes como seres superiores, como si fueran de la realeza y merecieran que se les rinda pleitesía en cualquier ocasión, lugar o circunstancia.

Y es por eso que, aunque salga mucha información tanto en noticieros radiofónicos y televisivos, como en los periódicos, acerca de las “fechorías” de algunos de los señores que pueblan las sillas de los distintos ámbitos de gobierno en ese país, la gente no se inmuta. Por un lado, porque están acostumbrados a que nunca se hace nada. Por muy gordo que sea un escándalo, por muy trágica que sea una catástrofe, de todos es conocido que, aunque se cree una “fiscalía especial” para que investigue el hecho, nunca se llega a ningún resultado concluyente que lleve a la cárcel a ningún responsable ni que haga pagar a nadie por sus “errores”, su “negligencia” ni sus “crímenes”.

Por otro lado, porque eso de las manifestaciones está más que quemado y agotado. En México se defiende “la libertad de expresión” y las manifestaciones y los mítines no están “reglamentados”, como en España. De manera que ahí se manifiesta todo aquél que quiere, donde quiere, cuando quiere y, casi, como quiere. En consecuencia, la capital vive “secuestrada” por las manifestaciones y mítines de diversa índole que a diario se producen ahí, y que colapsan y entorpecen la vida diaria de los ciudadanos que intentan llevar “una vida normal” en medio de todo aquél caos de impunidad y excesos.

Entonces, eso de las manifestaciones ya no tiene ningún impacto, porque se producen todos los días, porque son como el sol…

¿Es posible educar a toda esa gente para que aprendan a tomar acciones efectivas que lleven a México a un “hacer” más limpio, eficiente y efectivo? No lo sé. Por eso lo pregunto aquí. De la misma manera que pregunto si es posible educar a los españoles, al menos a los que viven en el norte, concretamente en Vitoria, a que sean menos majaderos y más civilizados…

Porque hace pocos días, yendo yo en mi bicicleta por un bicicarril situado junto a un amplio tramo de acera apta para peatones, me topé con una mujer de alrededor de 40 años caminando tan campante por en medio del bicicarril. Y cuando me acerqué a ella osé informarle “señora, que va usted por el bicicarril”, a lo que ella, sin pensarlo un segundo, contestó de manera expedita “voy por donde me da la gana”.

En esta ciudad se presume mucho de instalaciones, de áreas verdes, de ser no nuclear, de zonas peatonales y de infinidad de recursos que redundan en el bien de la ciudadanía. Y está muy bien. La verdad es que venir de un país tercermundista en donde los impuestos no se ven por ningún lado y llegar a una ciudad llena de “dinero público invertido” abre mucho los ojos…

Desafortunadamente, todos esos recursos se quedan tristes frente a las personas que hacen mal uso de ellos, invadiendo los bicicarriles cuando se va a pie, estacionándose en los lugares destinados a los minusválidos y contestando “yo aparco donde me da la gana. ¿Qué pasa? ¿Te molesta?” a la afirmación de “tío, que ese es un lugar para minusválidos”, cuando se siguen tirando montones de basura en la vía pública, a pesar de que hay papeleras en casi todos los rincones de la ciudad, cuando se siguen vaciando los ceniceros repletos de colillas tanto por las ventanas de las casas como por las ventanillas de los coches y cuando la gente deja el coche en segunda fila, aunque tengan un lugar disponible a 5 metros, para meterse al bar a tomar un café.

Y, reanudo mi pregunta: ¿Es posible civilizar a toda esa gente?

Me parece a mí que un cambio de papeles, digamos durante un mes, en ambos sentidos, nos vendría muy bien a todos. Lástima que eso siga siendo una utopía.


jueves, 28 de junio de 2007

MANÍAS

Pudiera ser cosa de todas las familias, pero yo sólo lo he visto en la mía. Al menos manías tan destacadas como tener una taza específica para equis cosa, o una cuchara que es "MI cuchara". Mi abuelo tenía su cuchara sopera. Había un gran caos a la hora de la comida si la cuchara que estaba "en su lugar" no era ESA cuchara. Su lugar era "SU” lugar y tenía su silla concreta. Al igual que mi abuela. Que nadie osara sentarse ahí ni en esa silla...

También en la sala tenía "SU" lugar, junto a la ventana, donde leía el periódico todos los días. Si llegaba una visita y mostraba la intención de sentarse en el lugar de mi abuelo, de inmediato se le convidaba a sentarse en otro lugar que no fuera ese, porque "ahí se sienta mi marido".

Así que yo, cuando me vi en la, ahora sí, certera intención de dejar el hogar materno, una de mis primeras tareas fue la de buscarme sustitutos para ciertas cosas. Empecé por "la taza de los huevos tibios", que afortunadamente encontré en Florencia. Una muy parecida a la que usaba en casa de mi madre. La compré de inmediato. Hasta la fecha, la uso sólo para comer huevos tibios o crudos. Me faltaba la cucharita. Esta última la encontré en un chinódromo, que es como llama mi marido a los bazares chinos.

Lo más curioso del caso es que mi madre usaba la misma taza y la misma cuchara para la misma cosa. Pero de eso me enteré hasta que volví al hogar materno, como año y medio después de vivir fuera de México.

Todo esto viene a cuento porque el otro día me cargué mi taza “del café”. La despostillé del borde. Pero es mi taza del café, demonios!!! Guardé los pedacitos y los pegué con “Kola-Loka” o “Súper Glú (o Loctite. Aquí tiene muchos nombres el pegamento ese)”, según de qué lado del charco me leas. Ahora el borde es un poco rasposo. Pero sigue siendo mi taza del café. También tengo otra, que es mixta. O sea, la uso para el “Cola-kao” o “Choco-milk” y para los tés.

De México me traje también unos vasos grandotes, que allá usaba para el “Choco-milk”. Esto cambió aquí a raíz de que me puse a dieta y tuve que empezar a controlar cantidades. Esos vasos, sin embargo, son útiles también para preparar micheladas.

Cuando fui a Galicia a limpiar petróleo, a cuenta de lo del Prestige, el alcalde de Noia nos regaló a todos los voluntarios un plato artesanal de ahí. Y ese es “el plato del pan”. Quedó para eso, por aquello de no usarlo con cubiertos y no rallarlo. Y es un buen plato del pan.

Hace tiempo que le digo a mi madre que soy un poco Monk. El personaje me recuerda mucho a mí, sobre todo en la presentación, cuando aparece pisando en un caminito de piedras sólo por donde no hay rallas. Yo recuerdo que hacía algo así de niña, pero no estoy segura de si era en casa de mi abuela o en dónde. Pero siempre que pasaba por el caminito ese evitaba pisar las rallas. Aunque mi madre tuviera prisa, caminaba por ahí dando brinquitos. Pero me rehusaba a pisar las rallas. ¿?

Pues eso. Ahora el mundo ya sabe que vivo a merced de la vajilla. Cuando se despostilló mi taza del café, mi marido sugirió: “habrá que buscar otra”. Yo contesté: “Pero si es mi taza del café!!!”. Por eso la pegué y por eso la sigo usando. Habrá que viajar más y buscarme un repuesto, supongo (no recuerdo dónde la compré, pero ninguna de las 3 tazas es de Vitoria, aunque sólo la de Florencia es de fuera de España).

Mi buena suerte radica en que mi marido me acepta con todo y mis manías y me las respeta. Falta ver, si se nos ocurre multiplicarnos, que nuestros vástagos hereden alguna manía. Habrá que estar preparados.

Un besazo a los que tienen vajilla uniforme.

miércoles, 13 de junio de 2007

CONTINENTES, CONTENIDOS E INCONTINENTES

Pase que en Televisión Española digan que México está en Centroamérica. Pase que en Radio Vitoria se refieran a Laura Esquivel como "escritora sudamericana"...

Pero que en un capítulo de Bones hablen de ir a Colombia como "ir a otro continente" me parece ya excesivo. A todos los que viven fuera de México les tengo una primicia de primera plana: MÉXICO se escribe con EQUIS (X) y está en NORTEAMÉRICA, aunque les pese a los gringos. Y hablando del "país más poderoso del mundo"...

Me molesta sobremanera que se refieran a sí mismos como "América". "América somos todos, señores, desde los que malviven en Groenlandia, hasta los que cohabitan con los pingüinos en la Patagonia. YO soy AMERICANA, con todas las de la ley. Imaginemos por un momento que, por poner un ejemplo, a los franceses les dé por referirse a sí mismos como "Europa". Y entonces cada vez que su primer ministro habla de Francia dice sin tapujos "Europa" o "nosotros, la gente Europea". Y que en alguna serie francesa digan que para ir a Islandia hay que "ir a otro continente". Y que construyan un muro en la frontera con España. Y que certifiquen a España por su lucha contra la inmigración, cuando Francia importó moros al pormayor en otros tiempos... ¿Suena de locos?

Pues es lo que hace EU. Aunque le joda, México está en Norteamérica, y si en México se producen drogas es porque los gringos las consumen. Y para aclararnos de quiénes están en dónde: Norteamérica comprende desde Groenlandia hasta México. México, a su vez, colinda al sur con Guatemala y Belice. Es en estos dos países donde comienza Centroamérica y termina en Panamá y su codiciado canal. Si lo quieren identificar en el mapa, Centroamérica es únicamente el "choricito" que une la masa gorda de arriba con la masa gorda de abajo. Esa masa gorda de abajo es Sudamérica. Las dos masas gordas y el choricito forman "América".

Respecto a la serie de Bones, no me queda claro si fue un fallo de los gringos o un fallo de los dobladores ibéricos. En cualquier caso me parece imperdonable.

Saludos y disculpas por esta clase de geografía obligatoria. Mi besito en esta ocasión es para....

Tachán!!!

Sí. Tachán se ha ganado mi besito de esta edición. =P